Cualquier cosa que Tú me das, que no seas Tú mismo, me parece poco e insuficiente, así como me parace insignificante cualquier cosa que de Ti mismo me reveles o prometas, mientras no te vea a Ti o no te posea con toda plenitud.
Porque en verdad, no puede mi corazón descansar a sus anchas, ni verse totalmente satisfecho, si no reposa en Ti y transciende todos los dones y toda criatura...
¿Cuándo será que me recoja enteramente en Ti, hasta que, absorto de puro amor, no me sienta ya a mí mismo, sino sólo a Ti, sobre todo sentido y medida, con esa unión inefableque que es de tan pocas alma conocida?
Kempis, L,III, cap, 21:8,12
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Muy bonito; qué bueno sería que llegásemos todos a ello.
ResponderEliminar