Libros recomendados

  • Raimon Panikkar, Espiritualidad Indú
  • Raimon Panikkar, La plenitud del hombre
  • Raimon Panikkar, La Trinidad
  • Anónimo inglés, La nube del no saber
  • Toshihito Izutsu, Sufísmo y taoísmo (dos volúmenes)
  • Toshihito Izutsu, Hacia una filosofía del budismo zen
  • Paul Tillich, Teología sistemática

domingo, 19 de septiembre de 2010

Consejos de paz

Cuatro consejos para mantener la paz

Es un pequeño librito, pero es el libro religioso que más ediciones ha tenido en la historia desde su aparición en el siglo XIV. Se trata del Kempis.
Les confieso que en numerosas ocasiones Dios ha dado respuestas a mis preguntas por medio de su lectura. Creo que el libro es muy beneficioso también en nuestros días, aunque claro está no tenemos que estar de acuerdo con todo lo que afirma.

En el capítulo 23 del libro tercero encontramos unos consejos destinados a obtener la paz del corazón que deseo comentar, el texto reza así:

…trata más bien de hacer la voluntad de otro que la tuya propia. Elige siempre tener menos que más…busca continuamente el último lugar y estar debajo de todos… desea constantemente que la voluntad de Dios se cumpla en ti perfectamente y ruega por esta intención.
En verdad te digo que el que pone en práctica estas cuatro cosas entra en la mansión de la paz y del descanso.

No estará de más hacer el intento y recordar estas cosas cuando estemos desprovistos de paz y oprimidos por la tristeza.
¿Será que en el origen de la guerra y la tristeza se haya en el olvido de estos pequeños consejos evangélicos diarios?

Seguramente afirmar actualmente que hay que hacer la voluntad de los demás en vez de la nuestra suena a una especie de suicidio psicológico. Tenemos un miedo congénito a perder el control si cedemos nuestros derechos para satisfacer los de los demás. Y este temor está ampliamente justificado porque vivimos en una sociedad que a la menor debilidad nos manipula y anonada.
¡Imagínate lo que sucedería si los demás supieran que estamos dispuesto a hacer su voluntad y no la nuestra, seríamos simples juguetes en sus manos! Por ejemplo imagínate que alguien te pide que le lleves una pesada carga por una milla o aquella blusa que te gusta tanto, o que te pide prestado el MP3. Imagínate que te piden que cuides a los pesados de tus sobrinos o que tengas que cambiar tus planes de ir al cine precisamente ese día. No comprendes por qué eres precisamente el que tienes que cambiar tus planes ¿No pueden los demás cambiar los suyos para adaptarse a los tuyos?
Así comienzan los pequeños conflictos que crecen y terminan por quitarnos la paz.
Hacer la voluntad de los demás es una manera de decirnos que no seamos egoístas, que nos parezcamos a Aquel que hizo de la voluntad de su Padre su razón de vivir y que nos enseñó: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa; y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos. Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses.
No se trata de dejarse manipular, se trata en la mayoría de los casos de ser capaces de hacer pequeños favores a los que tenemos cerca. Esto fomenta la paz.

Nos han enseñado que es de mala educación escoger el pedazo de tarta más grande. Pero el sentido de esta práctica va más allá de la simple urbanidad. Elegir el pedazo pequeño no genera en el que tenemos enfrente ninguna reacción negativa y mantenemos la paz. Esa paz bien merece un pedacito menos, ¡además con un poco de suerte nuestra actitud será recompensada y podremos repetir del pastel! Pero si no es así habremos contribuido a mantener y fomentar la paz. ¿Se imaginan lo que sucedería si los países hiciesen lo mismo?

Saber humillarse es saber colocarse en el lugar que nos corresponde. El que se pone en el último lugar no puede temer estar más abajo. Si te quedas allí, ¡no pasa nada!, se capaz de alegrarte del mejor lugar que ocupa tu hermano y si te colocan más arriba eso habrás ganado sin haber tenido roces con nadie que reclame tu puesto. El mejor lugar es el que Dios ha dispuesto para ti, el que sólo Dios conoce. Así que mejor colócate al final y debajo y verás como el Señor te pone donde debes estar, porque el que está con Dios ha experimentado que para con El no hay último puesto. Hazlo y conservarás la paz a tu alrededor y no sabrás lo mal que se pasa siendo desplazado hacia abajo por el Señor en el banquete de la vida.
Ya sabes: el que se humilla…

Y por encima de todo desea con toda tu alma y pide que la voluntad de Dios se cumpla en tu vida, porque esa es la clave de toda paz.

jueves, 29 de julio de 2010

Libres

Hemos de reconocer, como ya he expresado en otras ocasiones, que durante muchos años buena parte de la predicación cristiana ha enfatizado más la condenación y el temor, que la salvación y el gozo. Es verdad que en numerosos periodos la situación social merece una voz de advertencia acerca del justo juicio de Dios. Pero la misión de Jesús y de su iglesia no es primordialmente el anuncio de un castigo, sino la proclamación del amor incondicional de Dios hacia los hombres.
Jesús nos ha anunciado un nuevo pacto mucho mejor que el antiguo. No nos hemos acercado a aquel monte humeante “que ardía en fuego” ni a la negrura terrible de las tinieblas y de la tempestad, sino a Jesús el mediador de un nuevo pacto (cf, Heb 12:18,24).
El nuevo ministerio que Dios nos ha encomendado no es de muerte, sino de vida. No es de condenación, sino de justificación. Y si es verdad que el antiguo era glorioso este es más glorioso, porque es universal y eterno y no particular y pasajero. En él, ha sido superada la esclavitud derrotada por la maravillosa libertad de los hijos de Dios. Ahora por la bendita gracia del Padre tenemos la posibilidad de participar de su propia naturaleza y ser transformados en su misma imagen y gloria, gracias a su Espíritu. La ley ha dejado de estar escrita en piedras porque Dios ha cumplido la promesa y la ha puesto en la mente y en el corazón de los que le aman. Vivimos en la Ciudad de Dios y en ella hay luz, paz y libertad.
Inesperadamente hemos oído y experimentado que Dios mora en nosotros. A Dios no le ha bastado darnos su Ley, su Palabra y su Hijo; ha deseado morar en nuestro corazón, ser el ser de nuestro ser y lo más íntimo de nosotros mismos. Es como si los cielos hubiesen descendido hasta nosotros, como si su Reino estuviese ya aquí plenamente constituido. Podemos clamar al Dios que está en el cielo mejor que nunca, porque ahora sabemos que el cielo es nuestro corazón, la morada de Dios.
¿Cómo es posible que Dios viva en nosotros y que no se nos note? ¿Cómo es posible que sigamos buscando a Dios allá arriba en los cielos, allá afuera en las alturas y no lo encontremos en nuestro interior que es donde él mora? ¿Cómo es posible vivir siempre despistados acerca de su voluntad consultando la letra y no seamos capaces de oír su voz en nuestro interior? ¿Cómo es posible que nuestras vidas no sean las mejores “Escrituras” que podamos compartir con los demás, cuando debería ser manifiesto que somos “carta de Cristo… escrita no con tinta sino con el Espíritu del Dios vivo? (2Co 3:3). No podemos seguir recurriendo a las tablas de piedra sino al corazón.
El hombre alejado de Dios debería tener suficiente con vernos para saber de Dios. Si no ocurre esto, es porque nuestras vidas opacan al que vive y mora en nosotros y si esto es así es que algo no anda bien en nosotros. ¿Qué expresan nuestros rostros, nuestras actitudes, nuestras palabras, nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestro medio de vida? ¿No será que como Moisés ponemos un velo de religiosidad para que no se vea que la gloria de Dios se ha apagado en nosotros? ¿No será que nuestra bicicleta espiritual solo se mueve cuesta abajo porque nos hemos cansado de pedalear? Si es así, si has perdido la dracma, no pares hasta encontrarla.
Si vivimos solo de teorías y doctrinas que aun no se han encarnado en nuestro ser, nos pareceremos a los loros que solo repiten frases que carecen de significado para ellos. Sin haber experimentado la presencia de Dios en lo más profundo de nuestro ser, decir que somos templos de Dios es una frase de loro. No basta saber que Dios mora en el corazón hay que vivirlo, hay que descubrirlo. Este descubrimiento es la experiencia de la salvación, es haber llegado a casa.
Es necesaria la experiencia del encuentro en el “lugar secreto”, porque esta experiencia nos libera de nosotros mismos y nos hace descubrir el Amor. Una vez que hemos experimentado al Amor en primera persona todo lo demás sobra. Ahora se trata de dejarle vivir a él y apartarse y menguar para que él crezca. A partir de entonces, liberados de nosotros mismos, ya no podremos nunca más dedicarnos al ministerio de condenación, sino al único ministerio que procede de Dios que no es otro que el del Amor.

sábado, 24 de abril de 2010

O Tú o nada

Cualquier cosa que Tú me das, que no seas Tú mismo, me parece poco e insuficiente, así como me parace insignificante cualquier cosa que de Ti mismo me reveles o prometas, mientras no te vea a Ti o no te posea con toda plenitud.
Porque en verdad, no puede mi corazón descansar a sus anchas, ni verse totalmente satisfecho, si no reposa en Ti y transciende todos los dones y toda criatura...

¿Cuándo será que me recoja enteramente en Ti, hasta que, absorto de puro amor, no me sienta ya a mí mismo, sino sólo a Ti, sobre todo sentido y medida, con esa unión inefableque que es de tan pocas alma conocida?

Kempis, L,III, cap, 21:8,12

martes, 6 de abril de 2010

Sabiduría del momento

Supon, Malunkyaputta, que un hombre fuera herido por una flecha embebida en veneno, y que sus amigos y compañeros trajeran a un médico para curarlo. El hombre diría: “No voy a permitir que el médico me quite la flecha hasta que sepa el nombre y clan del hombre que me hirió; si utilizó un arco o una ballesta; si la flecha tenía punta de pezuña o era curva o tenía púas”.
Nada de esto sabría el hombre y mientras tanto, moriría. También así, Malunkyaputta, si alguien dijera: no voy a llevar una vida noble bajo el Buda hasta que el Buda me declare si el mundo es o no eterno, finito o infinito; si el alma es lo mismo o diferente del cuerpo; si uno que ha logrado el despertar continua o no existiendo luego de la muerte”, eso seguiría sin ser declarado por el Buda y mientras tanto esa persona moriría.
Buda

lunes, 5 de abril de 2010

Otros Cristos

Somos otro Cristo. Jesús y Cristo son los dos aspectos de la Realidad, que es una. Cristo representa lo divino en el hombre Jesús. En el cristianismo siempre ha habido el término "viejo Cristo", que se refería a los cristianos. En otras palabras significa, que todos somos "Cristos" y que en nosotros sucederá lo mismo que sucedió en Jesucristo. Dios se expresa en cada uno de nosotros como lo hiciera en Jesús. Le llamanos el primogénito, pero nosotros somos sus hermanas y hermanos. Y esto no vale solamente en el sentido analógico, es el auténtico mensaje pascual.

W Jäger, Adonde nos lleva nuestro anhelo.

Sólo lo que se vive y se aplica da bienestar

No estén satisfechos con rumores o con la tradición o con erudición
legendaria o con lo que ha bajado en las escrituras o con conjeturas
o con inferencias lógicas o con pesar evidencia o con gustar un
punto de vista luego de ponderarlo o con la habilidad de otro o con
el pensamiento “El monje es mi maestro”. Cuando sepan
internamente: “Estas cosas son íntegras, sin culpa, alabadas por el
sabio y al ser adoptadas y aplicadas llevan al bienestar y felicidad”,
entonces deberían practicarlas y morar en ellas …
El Buda
Kalama Sutha

lunes, 29 de marzo de 2010

El sufí es...

El sufí es una mariposa que entra en la llama de la vela del amor de Dios para desvivirse por Él.

¡Oh darwish!
Deja el mundo a la gente mundana y el mundo del más allá a sus buscadores. Estira la mano de la devoción hacia Dios, alberga Su amor, que es el elixir de la eterna felicidad en el tesoro de tu corazón, y arroja al fuego del olvido todo lo que no es el Amado.

El espíritu del sufismo consiste en mirar en una sola dirección (a Dios)a través de la fuerza del amor.

Estaba muerto, volví a la vida; era lágrimas, me troqué en risa; llegó la fortuna del amor y me volví eterno.

Aun cuando Su unión no se dé como recompensa por tus esfuerzos,¡oh corazón!esfuérzate todo cuanto puedas para lograrlo.

Ser darwish es cuidar los corazones. Si no eres capaz de cuidar un corazón y hacerlo feliz, estate atento para no ofender a ninguno, ya que en nuestra Senda no hay otro pecado que este.

¡Actúa!y deja de presumir de conocimiento, que para los valientes no hay camino más segura que el camino "sin rastro"