Supon, Malunkyaputta, que un hombre fuera herido por una flecha embebida en veneno, y que sus amigos y compañeros trajeran a un médico para curarlo. El hombre diría: “No voy a permitir que el médico me quite la flecha hasta que sepa el nombre y clan del hombre que me hirió; si utilizó un arco o una ballesta; si la flecha tenía punta de pezuña o era curva o tenía púas”.
Nada de esto sabría el hombre y mientras tanto, moriría. También así, Malunkyaputta, si alguien dijera: no voy a llevar una vida noble bajo el Buda hasta que el Buda me declare si el mundo es o no eterno, finito o infinito; si el alma es lo mismo o diferente del cuerpo; si uno que ha logrado el despertar continua o no existiendo luego de la muerte”, eso seguiría sin ser declarado por el Buda y mientras tanto esa persona moriría.
Buda
martes, 6 de abril de 2010
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Esto viene a ser un poco de lo que hablan San Juan de la Cruz y el autor de la nube del no saber. Hemos de dejar abandonado todo conocimiento si queremos vivir a Dios de verdad. Sin intentar de definir nada.
ResponderEliminarSí, pero también es un llamado a la perseverancia en la práctica de la contemplación. Para orar no se necesita entender. La comprensión viene del silencio junto a Dios. De manera que lo que no entendemos no debe detener nuestra actividad meditativa.
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