Libros recomendados

  • Raimon Panikkar, Espiritualidad Indú
  • Raimon Panikkar, La plenitud del hombre
  • Raimon Panikkar, La Trinidad
  • Anónimo inglés, La nube del no saber
  • Toshihito Izutsu, Sufísmo y taoísmo (dos volúmenes)
  • Toshihito Izutsu, Hacia una filosofía del budismo zen
  • Paul Tillich, Teología sistemática

miércoles, 24 de marzo de 2010

¿Cómo perdonar?

HACED LO MISMO

…Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo. (Lc 10:37)

Los muros, el cielo, el piso, todo es gris y frío. He visto muchas veces las fotografías del campo y siempre me estremezco. Estrechas chimeneas ahora sin humo, patios ahora en silencio pero en los que si se presta atención todavía resuenan los lamentos y el dolor. Todo es gris y frío. No puedo evitar sentir una curiosa sensación, es como si yo también hubiese muerto allí. No se como explicarlo, pero hay cosas que no se pueden explicar, que tal vez no debemos intentar explicar. Yo solo perdí un miembro de mi familia en el campo de exterminio Nazi de Mauthausen-Bosen, otros perdieron a todos o a casi todos. Se que fue el 19 de diciembre de 1941. También en las Navidades hay días tristes.

No se cómo murió, no se qué fue de su cuerpo, pero lo más importante es que nunca sabré porqué.
He visto las pilas de cadáveres cuyos rostros se parecen todos un poco, restos de cenizas, muecas llenas de incomprensión, ojos vacíos de esperanza, huesos sobre huesos, piel sobre piel; y aun no se porqué.
Tampoco se porqué en los alrededores brotan flores en primavera, los pájaros cantan todos los días, y la vida sigue alrededor como si allí nuca hubiese pasado nada. No, no se porqué. No es justo.

Tal vez las flores que brotan más allá de los muros sean el homenaje de la vida que no se resigna a ser doblegada por la muerte y el horror. Tal vez no se trate de indiferencia cósmica, sino de un símbolo de la victoria de los muertos, que nos gritan que su muerte no es inútil. Tal vez, pero no estoy seguro de saber porqué.

Algún día me sentiré con fuerza para visitar el Campo, pero hasta ahora había sentido miedo. No se trataba de miedo al lugar, de miedo a sentir el horror, de miedo a sentir la muerte en mi propia carne, no se trataba de no saber dónde estaba Dios en medio de todo aquello; se trataba del miedo a no poder perdonar. Se trataba del temor a que la angustia del momento me impidiese sentir compasión de los verdugos. Ese ha sido el peor de mis temores hasta ahora.

¿Cómo se puede perdonar lo que no merece ser perdonado? ¿Cómo puede el hombre ser capaz de de tal horror y esperar misericordia? ¿Donde encontrar un resquicio a través del cual tomar de la mano a mi enemigo con misericordia?

Solo he encontrado una respuesta, solo una posibilidad a la que puedo aferrarme, solo unas palabras de mi Señor…perdónalos, porque no saben lo que hacen. (Lc 23:34)
Jesús me dice: perdónalos, porque no saben que en cada persona asesinada, en cada niño, mujer u hombre destrozado, se están matando a sí mismos. Perdónalos porque no saben que están matando a Dios en cada hombre. No, no saben lo que hacen están ciegos y no pueden ver que Jesús está presente y visible en todo el que padece hambre o sed, enfermedad, prisión, desnudez o muerte, presente realmente en cada uno de ellos (Cf. Mt 25:35,36). Y desde cada uno de ellos Jesús me grita: perdónalos.

¡Oh Señor! Que en cada muerte pueda ver ahora tu muerte, en cada dolor tu dolor pero también tu perdón, el perdón universal, el perdón de Dios.
¡Oh Señor! Que pueda yo hacer lo mismo, que pueda ser de los que sí saben lo que hacen, para no hacerte daño en el hombre jamás.

Tomado de Cristo para todas las naciones con permiso del autor.

No hay comentarios:

Publicar un comentario