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jueves, 25 de marzo de 2010

¿Dudas?

DUDAS

He leído tu correo y trataré de comentarte algunas cosas. Lo primero es decirte que todo lo que te pasa es normal. Estás viva espiritualmente y la vida espiritual demanda respuestas. La vida de fe es así, aunque nos gustaría que fuese todo más sencillo. Pero todo es útil y al final mejor. No te angusties por las dudas o por los ataques del Enemigo, él es una parte de tu propia mente. Tal vez una buena porción de los problemas doctrinales que tienes se deben al ambiente fundamentalista en el que te mueves.
He de aclararte para que entiendas bien esta carta, que he recorrido un enorme camino desde ese fundamentalismo que hoy me resulta erróneo y a veces hasta nauseabundo. No he hablado demasiado de esto porque no estoy seguro de que mi camino sea un camino para todos. Temo escandalizaros, asustaros y temo ser tropezadero para vuestra fe, por eso he guardado silencio y si ahora hablo un poco es porque creo que el fundamentalismo bíblico en el fondo no nos sirve para vivir y por eso pides ayuda. Es verdad que es cómodo vivir en un sistema cerrado de verdades absolutas. Es cómodo tener un manual infalible al que recurrir en el que encontrar respuestas para todo. Mientras ese sistema y ese manual funcionan para nuestra vida, mientras las preguntas que nos hacemos se contestan con el, lo mejor es no cambiar de sistema ni de manual. Cada uno recorre su camino espiritual fundamentalmente en soledad y no en compañía. Sería absurdo que yo te diera respuestas a preguntas que no te haces. Eso sería prematuro y negativo para tu fe, porque cada uno va a su ritmo y así debe ser. Pero planteas una serie de cuestiones que denotan dos cosas: Tienes un determinado concepto de Dios y además hay ciertas cosas de la Biblia y del dogma que te resultan complicadas de aceptar así sin más. Recuerda esto: lo importante es la Palabra no el libro.
Un día tenemos un vislumbre arrebatador de Dios y desde entonces nada es igual. Hay un antes y un después.
Lo más curioso de este camino emprendido en el que Dios me ha metido es tal vez que Dios ha destruido casi todas mis seguridades. Me ha conducido desde el camino de la certeza al camino del amor, de su amor. El primero era más seguro, ahora casi siempre estoy al borde del abismo, ando por el filo de una navaja, siento vértigo y Dios me descoloca y me lleva de un lugar a otro y casi no me da tregua. Antes estaba más seguro, ahora estoy locamente enamorado. Prefiero el amor a toda certeza teórica, porque prefiero a Dios antes que a sus cosas. Todavía no se nada, o mejor dicho no se nada aparte de algo pequeño pero importante acerca de su amor, porque de una cosa estoy convencido Dios es solamente amor. Y cuando digo solamente, digo exactamente eso, que poco más podemos decir con certeza de él.
Esta visitación de Dios ha sido a veces insufrible, a veces creí que no iba a volver de allí. El amor y la muerte se parecen mucho.
Lo que descabalgó todos mis argumentos y todas mis defensas, principios, seguridades y certezas fue participar en un breve instante del amor de Dios. Un día estuve allí y conocí aunque por un instante al amor. Cayó sobre mí con tal fuerza que pensé que no iba a poder seguir viviendo. Me dio miedo aprender a amar después de haber gustado lo que esto significa para Dios. Aun no se amar ni padecer, pero he estado allí. También, por un instante padecí el dolor de Dios, la cruz de Dios y pude comprobar que amor y cruz, vida y muerte son las dos caras de una sola moneda llamada, amor.
La muerte es solo la vida vista del otro lado. El conocimiento aunque infinitesimal, fragmentario y torpe del amor de Dios me imposibilita para seguir creyendo en el mismo Dios. Si Dios es amor, “ese” amor, entonces hay cosas que no son compatibles con él lo diga quien lo diga. Si creo que Dios es amor debo creerlo con todas sus consecuencias. La clave hermenéutica para entenderlo todo es el amor, porque Dios es amor y si es amor todo debe ser diferente de lo que nos han enseñado. Cristo nos enseñó de ese amor y en buena manera el cristianismo al no poderse librar del legalismo veterotestamentario ha deformado la enseñanza del propio Jesús. Todo hubiese sido más sencillo si las cosas se hubiesen dejado allí es decir en el amor.
Si quieres entender algo de Dios tienes que exoerimentar que él es solamente amor.
La verdadera imagen de Dios es el Crucificado. Jesús se deja hacer de todo por unos hombres ciegos en el Gólgota, porque está maniatado por el amor, porque es solo amor, solo amor, solo amor.
Jesús es el símbolo de Dios. Al ver a Jesús en la cruz estamos viendo a Dios en ella. Si hubiese bajado de la cruz para volverse todopoderoso habría dejado de ser nuestro Dios.
Dios solamente puede tener hacia ti una actitud; amarte y solamente amarte. Y cada vez que tú le des la espalda, sea por tu actitud, por tu infidelidad, por tu locura, por tu omisión, él amorosamente espera impotente, crucificado, a que vuelvas para poder ser abrazada, consolada, llenada, amada. Eres amada por Dios. El solamente es amor y nosotros todavía somos algo más que amor, por eso somos mucho menos que él, porque aquí el que suma al amor no hace sino restar y perder.
Dios no se busca a sí mismo, nos busca desesperadamente como el que tiene sed, porque Dios nos anhela como desde el desierto, desde el desierto nuestro. Nosotros buscamos además otras cosas. Somos los seres del “además”. Deseamos a Dios, y algo más. El solo nos desea a nosotros porque somos de él y él es el fondo y fundamento de nuestro ser. Somos sangre de su sangre y hueso de sus huesos en Cristo.

Ahora bien se nos ha enseñado que la cruz y el sacrificio de Cristo en la Cruz es un sacrificio expiatorio, cuyo prototipo es el holocausto del Antiguo Testamento. Esta forma de ver las cosas implica una imagen distorsionada de Dios. Tal cosa significa que la ira de Dios siempre pronta a derramarse, debe caer sobre alguien. Si no cae sobre el pecador debe caer sobre Cristo, pero alguien debe pagar.
Eso no puede llamarse perdón, es más bien un pago en moneda de sangre a un Dios que sin derramamiento de sangre no se reconcilia con el pecador aunque este se arrepienta. Afirmar que Dios queda satisfecho viendo la sangre de su Hijo, es no conocer el amor ni la paternidad de Dios.
¿Qué hombre en su sano juicio, aunque fuese el más depravado de la tierra podría quedar “aplacado” y feliz viendo el dolor, la agonía y el sufrimiento de su propio hijo en aras de no se que justicia ofendida? ¿No sería entonces la justicia mayor que el amor? ¿Qué pensaríamos de semejante hombre?
Se nos dice que con sangre la ira divina se aplaca, que la cruz es agradable al Padre y que la sangre es el “olor grato” que necesita Dios para no estallar de ira. Dios necesita hacer caer sobre su propio Hijo su ira y su terrible juicio en aras de una ofensa que al parecer no puede ser perdonada sin derramamiento de sangre. ¿De verdad Dios es así? El perdón no exige nada a cambio y si lo hace entonces no es perdón sino pago.
No, no es así, Dios es amor, el está dispuesto a crucificarse sin levantar la voz, para hacernos entender, que no reclama la sangre de nadie y mucho menos de su propio Hijo el amor hecho carne.
Dios es crucificado, cada vez que un hombre es clavado en la cruz. El está en todos los crucificados de este mundo. La cruz nos salva porque nos muestra a Dios tal y como es, capaz de todo por los hombres.
Quien no es capaz de responder con amor al amor, es que no conoce el amor. Pero a pesar de todo Dios no condena; tan solo espera, como el padre del "hijo prodigo". Dios quiere que le amemos y que nos amemos. El es amor y pide amor. La cruz de Cristo es para el Padre la mayor abominación, la mayor ofensa que el hombre ha podido hacer al hombre. Y lo increíble es que a pesar de que seguimos crucificando al hombre, el nos sigue amando.
“Perdónales porque no saben lo que hacen”, exclama Jesús al ser clavado en la cruz. ¿Por qué pedir perdón para esos hombres si según la teoría clásica su acción era lo que el Padre deseaba? Los hombres serían agentes del deseo de sangre de Dios, por tanto cómplices y copartícipes de Dios en la muerte de su Hijo. No, Dios no deseó la muerte de su Hijo, no la exigió, no la necesitó para aplacar su ira, solo nos muestra su amor infinito, porque Dios no necesita sangre para nada, no quiso ser aplacado, porque el amor no precisa ser aplacado.

Una vez dicho torpe y brevemente esto tan importante estamos en condiciones de contestar algunas de tus cuestiones.
Tu imagen de Dios, como todas las imágenes de Dios es falsa. De Dios no debemos tener ni siquiera una imagen mental. El Padre se ha vaciado completamente en el Hijo, le ha dado todo lo suyo, todo lo que el es y si le miramos (al Padre) solo vemos la nada, el silencio, el vacío, porque todo está ahora en Cristo. En el solo queda el misterio insondable del Padre, fuente de la divinidad y de todo ser. No hay ni siquiera conceptos o palabras para hablar o pensar en él. Lo único que podemos hacer es “ser en el”. Al mirarle dejamos de verle.
En el Hijo (también físicamente), por medio de él y para él, Dios ha creado todo y a nosotros también que somos hijos. En el vivimos y nos movemos y somos. El nos da el ser y es lo profundo de nuestro ser. Nuestro yo real y verdadero. El sustenta toda la creación y a nosotros y nos arrastra a través de las galaxias y de la vida y de la muerte en un río de amor hasta el Padre abrazados en el aire y el fuego de su Espíritu, donde un día el será todo en todos y todos estaremos en Dios.

Dices:… "la duda y por lo tanto el juicio están presentes". La primera parte es cierta la duda suele estar presente; la segunda es falsa. Dios no te juzga porque dudes. El solamente te ama. Si aun te crees bajo juicio es que no has entendido el amor.

En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor.(1Jn 4:18)

No debes ser perfeccionada en la doctrina, ni en la fe, ni en el conocimiento, solo en el amor, todo lo demás viene después. Debes hacer solo una cosa: Déjate amar por Dios. Recibe simplemente su amor, recibe llena de paz el amor de Dios. Debes amar para creer, no creer para amar. Dios sabe que dudas, pero no por eso duda de ti, no por eso se aleja de ti, y mucho menos te condena. Para amar debes entregarte solamente para amar y ser amada. Ama, lo demás no importa, porque “lo demás” habrá desaparecido. Solo quedará saciedad insaciable, ya verás.
A veces es más difícil dejarse amar, que amar. Sea como sea tu amor debe ser perfeccionado. Y solo el amor puede perfeccionar al amor.
No albergues ninguna duda en lo que respecta al amor de Dios incondicional y perfecto. Dios es luz y en él no hay tinieblas. Dios no tiene una parte oscura, un “si pero”, un algo tenebroso. Dios es solamente amor, es decir, luz, luz pura, sin cara oculta donde pueda anidar la sospecha o el temor. No estás bajo juicio estás bajo su amor.
Atreverse a amar es poder decirle a las personas: "Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar". Tienes que ser el lugar de reposo del que está trabajado y cargado, porque ya no vives tú sino Cristo en ti.

La duda es una parte fundamental de la fe. Sin ella no crecemos. Ella es la que nos hace cuestionar y por tanto nos empuja a buscar la respuesta y a crecer. ¿Dudas? Pues no des tregua a Dios. En el silencio de tu corazón te llegará la respuesta. En la intuición, sin palabras, sabrás la verdad. Pero el oído debe estar limpio de sospecha, es decir, de temor. Cree en el amor y el amor te llevará a toda la verdad.
No te puede bastar que yo te convenza con una serie de argumentos acerca de doctrinas ortodoxas. Lo que si te puedo decir es que el amor me ha enseñado todo lo que se.
También es cierto que el concepto que tenemos del Hijo es demasiado raquítico y pequeñito. Pero siento que es mejor que dudes y que pelees con Dios hasta que comprendas por ti misma. Cuando le busques en amor, desesperadamente enamorada hasta la muerte y te bese con los besos de su boca comprenderá todo lo que el tenga que decirte y lo que no te diga, será porque ahora es lo mejor para ti. Tratar de argumentar es inútil en estas cosas.
De momento lo que si te aconsejo es que confíes es esa gran verdad; Dios te ama. Trabaja con esto en confianza. Piensa lee y medita y sobre todo ora, buscando en amor las respuestas, clama por la intuición divina y no te angusties por las dudas.
Quien conoce a Dios no duda de el, en todo caso duda de las cosas que se dicen de él.
Ya se que hay cosas doctrinales que no están tan claras, pero es que Dios está por encima de todas las doctrinas juntas, por más santas que sean. Lee la Biblia con los ojos y el Espíritu de Jesús y sin idolatrarla, porque como te dije lo importante es la Palabra y no el libro. En la Biblia hay muchas cosas que deforman a Dios. El Dios de Éxodo 32 (donde Moisés parece el bueno y Dios el de “mecha corta”) o de Números 25(donde Dios premia a un asesino con el sacerdocio perpetuo), o el que se enfada si no se exterminan poblaciones enteras incluidos los niños de pecho. Pero ese no es el Dios de Jesús. De eso si puedes estar segura no temas confesarlo y proclamarlo, no sea que alguien pueda pensar que el Dios del que hablamos, del Dios de Jesús es ese ídolo irascible y siniestro.
Hay que leer con discernimiento y siempre desde la clave hermenéutica fundamental que es esta: Dios es amor. Lo que no es amor, no es de Dios, lo diga el libro que lo diga.

En cuanto a la concepción en María por el Espíritu, los cielos abiertos con ángeles cantando, y cosas por el estilo, creo que carecen de importancia. Yo prefiero creer que Jesús es hijo de José y de María que es verdadero hombre en todo como nosotros. Eso lo hace más humano y menos mitológico y esto no afecta a mi vida de relación con Dios.
Lo que si he conocido es que Cristo está vivo. Esto no tiene que demostrármelo nadie. Tengo relación y conozco a un Cristo vivo. Los detalles biológicos o históricos son secundarios para mí.
Se que vivo “en” una Realidad que funciona posiblemente de modo trino, sin que esto signifique la doctrina de la Trinidad tal y como la confiesa el Credo. Que junto con el cosmos y con Dios formo la Realidad. Todo es encarnación del Hijo. Toda la Realidad es la encarnación que surge del Padre por la fuerza de Espíritu. La vida física de Jesús, su momento histórico en la tierra, es tan solo un punto en el infinito de su ser y nuestro ser que es alfa y omega.
Dios sabe que tenemos que dudar porque muchas de las cosas que se nos hace confesar en la iglesia son sencillamente imposibles de demostrar.
No hay nada que demostrar, hay que vivir. La verdad como la libertad nos han sido dadas para ser vividas, no solamente expresadas, no solamente comprendidas, como las ecuaciones. Su palabra es espíritu y es vida.
La mente animal, no percibe las cosas del Espíritu. Pero tenemos el Espíritu y él penetra hasta lo profundo de Dios. Ahora tenemos la mente de Cristo. Esa mente nos enseña lo que sabe de Dios y nos lo declara no en doctrinas, sino en vida. Lo que nos da vida lo que nos trae felicidad y alegría eso viene de Dios y eso contagia de Dios a los demás.
Muchas cosas solo podemos o creerlas o dudar de ellas o saberlas por revelación personal de Dios de forma intuitiva y viva. Muchas de las afirmaciones doctrinales se han realizado en situaciones, sociales, culturales y políticas o en confrontaciones doctrinales o en declaraciones contra herejes, que han inclinado la balanza en una u otra dirección. Lo peor de todo es que muchas veces los dogmas encierran una imagen de un Dios rencoroso, justiciero, sediento de sangre, temible, terrible y nada amoroso. Afortunadamente el hombre actual ha llegado a una cierta mayoría de edad y el cristianismo está llegando también. No tengas miedo a pensar, a dudar a cuestionarte a poner tu fe a prueba cuando sea necesario. No basta con decir: "esto es una tontería o una tentación" y apartar la duda. La única duda que deja de serlo es la que deja de serlo. De nada vale quitarla del pensamiento porque volverá. Dios quiere que le conozcamos y nos da libertad inteligente y amor para que lo logremos. Los únicos que no dudan son los miembros de las sectas y los fundamentalistas. No seas fundamentalista bíblica. La Biblia es un libro maravilloso que nos relata algunas intuiciones geniales sobre Dios y otras horribles, fruto de mentes malhumoradas. La Biblia no es Dios.
No tengas miedo de la ciencia, de sus nuevos descubrimientos. Las galaxias y su funcionamiento nos hablan de Dios mejor que los coros celestiales, porque nosotros no vemos nunca ángeles cantando al salir de casa, pero todos los días vemos los cielos de Dios.

Sin que esto sea el fin de mi respuesta espero haber sido de ayuda. No pretendo haberte resuelto los problemas. Los problemas hemos de resolverlos nosotros si no, es trampa. Nadie debe hacer nuestros deberes.
Es bueno aprender junto con los que han pasado antes por esos caminos. Este es otro gran problema del cristianismo. No hay muchos maestros de verdad enseñados por Dios. Los hindúes aprenden cerca de sus gurús, nosotros desgraciadamente parece que tenemos que ir por libre.
No te desanimes se fuerte y pelea. Estamos en camino. Somos seres inacabados, en proceso a lo que hemos de ser. Esta vida es un escalón en nuestra creación. La creación sigue evolucionando y nosotros con ella cada día. Porque la creación no ha terminado, El Padre trabaja hasta ahora y el Hijo también. ¡Que emoción! El universo es una especie de útero inmenso donde Dios nos ha puesto y donde nos hace crecer hasta que lleguemos a la estatura de Cristo y descubramos que somos uno con el Padre.
De la salvación, lo más importante no es su parte negativa: “salvados de”; lo más importante es que hemos sido “salvados para”. Para llegar a nuestro destino que es Dios mismo. Esta es la salvación, tomar posesión de lo que somos. No tengas miedo Dios te ama como ama a Jesús. Cuando el se te manifieste serás semejante a el, porque le verás en ti tal y como el es y a ti en el.

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