Libros recomendados

  • Raimon Panikkar, Espiritualidad Indú
  • Raimon Panikkar, La plenitud del hombre
  • Raimon Panikkar, La Trinidad
  • Anónimo inglés, La nube del no saber
  • Toshihito Izutsu, Sufísmo y taoísmo (dos volúmenes)
  • Toshihito Izutsu, Hacia una filosofía del budismo zen
  • Paul Tillich, Teología sistemática

domingo, 19 de septiembre de 2010

Consejos de paz

Cuatro consejos para mantener la paz

Es un pequeño librito, pero es el libro religioso que más ediciones ha tenido en la historia desde su aparición en el siglo XIV. Se trata del Kempis.
Les confieso que en numerosas ocasiones Dios ha dado respuestas a mis preguntas por medio de su lectura. Creo que el libro es muy beneficioso también en nuestros días, aunque claro está no tenemos que estar de acuerdo con todo lo que afirma.

En el capítulo 23 del libro tercero encontramos unos consejos destinados a obtener la paz del corazón que deseo comentar, el texto reza así:

…trata más bien de hacer la voluntad de otro que la tuya propia. Elige siempre tener menos que más…busca continuamente el último lugar y estar debajo de todos… desea constantemente que la voluntad de Dios se cumpla en ti perfectamente y ruega por esta intención.
En verdad te digo que el que pone en práctica estas cuatro cosas entra en la mansión de la paz y del descanso.

No estará de más hacer el intento y recordar estas cosas cuando estemos desprovistos de paz y oprimidos por la tristeza.
¿Será que en el origen de la guerra y la tristeza se haya en el olvido de estos pequeños consejos evangélicos diarios?

Seguramente afirmar actualmente que hay que hacer la voluntad de los demás en vez de la nuestra suena a una especie de suicidio psicológico. Tenemos un miedo congénito a perder el control si cedemos nuestros derechos para satisfacer los de los demás. Y este temor está ampliamente justificado porque vivimos en una sociedad que a la menor debilidad nos manipula y anonada.
¡Imagínate lo que sucedería si los demás supieran que estamos dispuesto a hacer su voluntad y no la nuestra, seríamos simples juguetes en sus manos! Por ejemplo imagínate que alguien te pide que le lleves una pesada carga por una milla o aquella blusa que te gusta tanto, o que te pide prestado el MP3. Imagínate que te piden que cuides a los pesados de tus sobrinos o que tengas que cambiar tus planes de ir al cine precisamente ese día. No comprendes por qué eres precisamente el que tienes que cambiar tus planes ¿No pueden los demás cambiar los suyos para adaptarse a los tuyos?
Así comienzan los pequeños conflictos que crecen y terminan por quitarnos la paz.
Hacer la voluntad de los demás es una manera de decirnos que no seamos egoístas, que nos parezcamos a Aquel que hizo de la voluntad de su Padre su razón de vivir y que nos enseñó: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa; y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos. Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses.
No se trata de dejarse manipular, se trata en la mayoría de los casos de ser capaces de hacer pequeños favores a los que tenemos cerca. Esto fomenta la paz.

Nos han enseñado que es de mala educación escoger el pedazo de tarta más grande. Pero el sentido de esta práctica va más allá de la simple urbanidad. Elegir el pedazo pequeño no genera en el que tenemos enfrente ninguna reacción negativa y mantenemos la paz. Esa paz bien merece un pedacito menos, ¡además con un poco de suerte nuestra actitud será recompensada y podremos repetir del pastel! Pero si no es así habremos contribuido a mantener y fomentar la paz. ¿Se imaginan lo que sucedería si los países hiciesen lo mismo?

Saber humillarse es saber colocarse en el lugar que nos corresponde. El que se pone en el último lugar no puede temer estar más abajo. Si te quedas allí, ¡no pasa nada!, se capaz de alegrarte del mejor lugar que ocupa tu hermano y si te colocan más arriba eso habrás ganado sin haber tenido roces con nadie que reclame tu puesto. El mejor lugar es el que Dios ha dispuesto para ti, el que sólo Dios conoce. Así que mejor colócate al final y debajo y verás como el Señor te pone donde debes estar, porque el que está con Dios ha experimentado que para con El no hay último puesto. Hazlo y conservarás la paz a tu alrededor y no sabrás lo mal que se pasa siendo desplazado hacia abajo por el Señor en el banquete de la vida.
Ya sabes: el que se humilla…

Y por encima de todo desea con toda tu alma y pide que la voluntad de Dios se cumpla en tu vida, porque esa es la clave de toda paz.

jueves, 29 de julio de 2010

Libres

Hemos de reconocer, como ya he expresado en otras ocasiones, que durante muchos años buena parte de la predicación cristiana ha enfatizado más la condenación y el temor, que la salvación y el gozo. Es verdad que en numerosos periodos la situación social merece una voz de advertencia acerca del justo juicio de Dios. Pero la misión de Jesús y de su iglesia no es primordialmente el anuncio de un castigo, sino la proclamación del amor incondicional de Dios hacia los hombres.
Jesús nos ha anunciado un nuevo pacto mucho mejor que el antiguo. No nos hemos acercado a aquel monte humeante “que ardía en fuego” ni a la negrura terrible de las tinieblas y de la tempestad, sino a Jesús el mediador de un nuevo pacto (cf, Heb 12:18,24).
El nuevo ministerio que Dios nos ha encomendado no es de muerte, sino de vida. No es de condenación, sino de justificación. Y si es verdad que el antiguo era glorioso este es más glorioso, porque es universal y eterno y no particular y pasajero. En él, ha sido superada la esclavitud derrotada por la maravillosa libertad de los hijos de Dios. Ahora por la bendita gracia del Padre tenemos la posibilidad de participar de su propia naturaleza y ser transformados en su misma imagen y gloria, gracias a su Espíritu. La ley ha dejado de estar escrita en piedras porque Dios ha cumplido la promesa y la ha puesto en la mente y en el corazón de los que le aman. Vivimos en la Ciudad de Dios y en ella hay luz, paz y libertad.
Inesperadamente hemos oído y experimentado que Dios mora en nosotros. A Dios no le ha bastado darnos su Ley, su Palabra y su Hijo; ha deseado morar en nuestro corazón, ser el ser de nuestro ser y lo más íntimo de nosotros mismos. Es como si los cielos hubiesen descendido hasta nosotros, como si su Reino estuviese ya aquí plenamente constituido. Podemos clamar al Dios que está en el cielo mejor que nunca, porque ahora sabemos que el cielo es nuestro corazón, la morada de Dios.
¿Cómo es posible que Dios viva en nosotros y que no se nos note? ¿Cómo es posible que sigamos buscando a Dios allá arriba en los cielos, allá afuera en las alturas y no lo encontremos en nuestro interior que es donde él mora? ¿Cómo es posible vivir siempre despistados acerca de su voluntad consultando la letra y no seamos capaces de oír su voz en nuestro interior? ¿Cómo es posible que nuestras vidas no sean las mejores “Escrituras” que podamos compartir con los demás, cuando debería ser manifiesto que somos “carta de Cristo… escrita no con tinta sino con el Espíritu del Dios vivo? (2Co 3:3). No podemos seguir recurriendo a las tablas de piedra sino al corazón.
El hombre alejado de Dios debería tener suficiente con vernos para saber de Dios. Si no ocurre esto, es porque nuestras vidas opacan al que vive y mora en nosotros y si esto es así es que algo no anda bien en nosotros. ¿Qué expresan nuestros rostros, nuestras actitudes, nuestras palabras, nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestro medio de vida? ¿No será que como Moisés ponemos un velo de religiosidad para que no se vea que la gloria de Dios se ha apagado en nosotros? ¿No será que nuestra bicicleta espiritual solo se mueve cuesta abajo porque nos hemos cansado de pedalear? Si es así, si has perdido la dracma, no pares hasta encontrarla.
Si vivimos solo de teorías y doctrinas que aun no se han encarnado en nuestro ser, nos pareceremos a los loros que solo repiten frases que carecen de significado para ellos. Sin haber experimentado la presencia de Dios en lo más profundo de nuestro ser, decir que somos templos de Dios es una frase de loro. No basta saber que Dios mora en el corazón hay que vivirlo, hay que descubrirlo. Este descubrimiento es la experiencia de la salvación, es haber llegado a casa.
Es necesaria la experiencia del encuentro en el “lugar secreto”, porque esta experiencia nos libera de nosotros mismos y nos hace descubrir el Amor. Una vez que hemos experimentado al Amor en primera persona todo lo demás sobra. Ahora se trata de dejarle vivir a él y apartarse y menguar para que él crezca. A partir de entonces, liberados de nosotros mismos, ya no podremos nunca más dedicarnos al ministerio de condenación, sino al único ministerio que procede de Dios que no es otro que el del Amor.

sábado, 24 de abril de 2010

O Tú o nada

Cualquier cosa que Tú me das, que no seas Tú mismo, me parece poco e insuficiente, así como me parace insignificante cualquier cosa que de Ti mismo me reveles o prometas, mientras no te vea a Ti o no te posea con toda plenitud.
Porque en verdad, no puede mi corazón descansar a sus anchas, ni verse totalmente satisfecho, si no reposa en Ti y transciende todos los dones y toda criatura...

¿Cuándo será que me recoja enteramente en Ti, hasta que, absorto de puro amor, no me sienta ya a mí mismo, sino sólo a Ti, sobre todo sentido y medida, con esa unión inefableque que es de tan pocas alma conocida?

Kempis, L,III, cap, 21:8,12

martes, 6 de abril de 2010

Sabiduría del momento

Supon, Malunkyaputta, que un hombre fuera herido por una flecha embebida en veneno, y que sus amigos y compañeros trajeran a un médico para curarlo. El hombre diría: “No voy a permitir que el médico me quite la flecha hasta que sepa el nombre y clan del hombre que me hirió; si utilizó un arco o una ballesta; si la flecha tenía punta de pezuña o era curva o tenía púas”.
Nada de esto sabría el hombre y mientras tanto, moriría. También así, Malunkyaputta, si alguien dijera: no voy a llevar una vida noble bajo el Buda hasta que el Buda me declare si el mundo es o no eterno, finito o infinito; si el alma es lo mismo o diferente del cuerpo; si uno que ha logrado el despertar continua o no existiendo luego de la muerte”, eso seguiría sin ser declarado por el Buda y mientras tanto esa persona moriría.
Buda

lunes, 5 de abril de 2010

Otros Cristos

Somos otro Cristo. Jesús y Cristo son los dos aspectos de la Realidad, que es una. Cristo representa lo divino en el hombre Jesús. En el cristianismo siempre ha habido el término "viejo Cristo", que se refería a los cristianos. En otras palabras significa, que todos somos "Cristos" y que en nosotros sucederá lo mismo que sucedió en Jesucristo. Dios se expresa en cada uno de nosotros como lo hiciera en Jesús. Le llamanos el primogénito, pero nosotros somos sus hermanas y hermanos. Y esto no vale solamente en el sentido analógico, es el auténtico mensaje pascual.

W Jäger, Adonde nos lleva nuestro anhelo.

Sólo lo que se vive y se aplica da bienestar

No estén satisfechos con rumores o con la tradición o con erudición
legendaria o con lo que ha bajado en las escrituras o con conjeturas
o con inferencias lógicas o con pesar evidencia o con gustar un
punto de vista luego de ponderarlo o con la habilidad de otro o con
el pensamiento “El monje es mi maestro”. Cuando sepan
internamente: “Estas cosas son íntegras, sin culpa, alabadas por el
sabio y al ser adoptadas y aplicadas llevan al bienestar y felicidad”,
entonces deberían practicarlas y morar en ellas …
El Buda
Kalama Sutha

lunes, 29 de marzo de 2010

El sufí es...

El sufí es una mariposa que entra en la llama de la vela del amor de Dios para desvivirse por Él.

¡Oh darwish!
Deja el mundo a la gente mundana y el mundo del más allá a sus buscadores. Estira la mano de la devoción hacia Dios, alberga Su amor, que es el elixir de la eterna felicidad en el tesoro de tu corazón, y arroja al fuego del olvido todo lo que no es el Amado.

El espíritu del sufismo consiste en mirar en una sola dirección (a Dios)a través de la fuerza del amor.

Estaba muerto, volví a la vida; era lágrimas, me troqué en risa; llegó la fortuna del amor y me volví eterno.

Aun cuando Su unión no se dé como recompensa por tus esfuerzos,¡oh corazón!esfuérzate todo cuanto puedas para lograrlo.

Ser darwish es cuidar los corazones. Si no eres capaz de cuidar un corazón y hacerlo feliz, estate atento para no ofender a ninguno, ya que en nuestra Senda no hay otro pecado que este.

¡Actúa!y deja de presumir de conocimiento, que para los valientes no hay camino más segura que el camino "sin rastro"

domingo, 28 de marzo de 2010

Hacer el bien

Lo decisivo es hacer el bien para aportar la liberación, sin la cual los nombres religiosos son algo vacío, algo en el aire como una superestructura superflua sin significado alguno. Nadie puede tomar postura por encima de la lucha por el bien y en contra del mal, al igual que Dios tampoco puede revelar su propio ser fuera de la historia humana.

Edward Schillebeeckx, Jesús en nuestra cultura.

sábado, 27 de marzo de 2010

La mística y sus riesgos

UN RIESGO PARA LA MÍSTICA

La salvación es un don de Dios dado a todos los hombres. Los cristianos piensan que esa salvación se encuentra en el don gratuito de Cristo. La salvación como don es algo que se recibe, no que se logra. Sin embargo existen otras formas de considerar la salvación, en concreto se trata de métodos que no hacen depender la salvación de nadie externo al propio hombre y de su esfuerzo.
Son varios los métodos de auto salvación que el hombre ha ideado a lo largo de los siglos. Estos métodos no son exclusivos de ninguna religión como lo demuestra el hecho de que se pueden encontrar en todas ellas.
Las religiones surgen de un encuentro entre el hombre y Dios. Este encuentro se produce en forma de experiencia interior o revelación que por su inmediatez puede calificarse de “mística”. El hombre que la ha recibido se siente tan profundamente transformado que si bien en un primer momento guarda silencio, luego tras un periodo de asimilación desea comunicar a los demás su experiencia con el ánimo de hacerles partícipes de su gozo y transformación.
Una vez que un grupo de seguidores ha sido hecho partícipe de la revelación, pueden ocurrir dos cosas: Qua se acepte la revelación en forma de creencia o que se comparta realmente, vitalmente la revelación anunciada.
En el primer caso se comienza a gestar un cuerpo doctrinal, una jerarquía y unos ritos que se plasman a la larga en algún relato escrito supuestamente por los seguidores más cercanos al fundador. Con el tiempo y la distancia al hecho fundante, se puede absolutizar un determinado punto de vista que lo interpreta. Este proceso acaba por imponerse como ortodoxia dogmática a toda otra interpretación. El producto final es generalmente la aparición de una “creencia” sin relación experiencial con el acontecimiento primitivo y, en el peor de los casos, un dogmatismo fanático, violento, excluyente y sin vida.
En el segundo caso puede ocurrir lo mismo. También puede ocurrir que la experiencia de Dios no sea exactamente igual en todos los seguidores y se produzcan disensiones que terminen en la ruptura con la aparición de grupos que serán tachados de sectarios por el grupo primitivo. Esto también es común al primer supuesto.
En raras ocasiones no obstante dentro de ambos grupos, un número de personas tiene una experiencia de Dios arrebatadora y de intensidad suficiente como para ser descrita dramáticamente. En un primer momento dado que esta experiencia llega vehiculizada por y a través del grupo y su doctrina, el “iluminado” tiene tendencia a pensar que su experiencia confirma como exclusiva la verdad del propio grupo al que pertenece y a su doctrina. En general pensará que tal experiencia transformadora no puede darse en otros grupos distintos, que serían vistos como falsos, imitadores o diabólicos. Sin embargo, con el tiempo, si esa persona tiene oportunidad de conocer a fondo a miembros de otros grupos religiosos o a sus doctrinas, puede caer en la cuenta de que la experiencia de Dios no es exclusiva de su religión ni debe necesariamente tener los mismos contenidos, expresiones o interpretaciones.
Al principio la perplejidad de este hecho pede provocar una crisis profunda en el creyente, porque los elementos religiosos de su grupo se habían interpretado como necesarios y únicos para la salvación. En condiciones normales, se acabará por aceptar que la experiencia de Dios es universal y tan variada como lo es la humanidad.
El temor de los grupos religiosos organizados hacia los místicos, descansa en el hecho de que para subsistir como estructura precisan de una doctrina cerrada más que de una experiencia, que los identifique y confirme en su autoridad. La violencia contra toda disidencia está servida.
No importa que con el tiempo, como ocurre en el caso del cristianismo, la realidad eclesial se haya alejado tanto de la humildad y pobreza de su fundador. Por encima de todo se trata de mantener la estructura que ha terminado por sustituir a su Fundador y a Dios mismo.
Ese blindaje doctrinal y estructural pocas veces puede aceptar un movimiento místico en sus filas sin gran temor.

EL PELIGRO DE LOS MÉTODOS SALVÍFICOS

Los diferentes modelos de auto salvación tienen el problema de que todos ellos a pesar de haber surgido desde un buen propósito y fundamento terminan por creer en su método como fuente de la salvación.
El ser humano entendido como hombre en el mundo, vive en una polaridad existencial. Disfruta de una libertad finita pero al mismo tiempo está entregado a un destino del que no puede escapar. Su destino es ser hombre, ser humano y este destino tensa su libertad finita que por poseer sed de infinitud, le provoca una angustia existencial de la que no puede escapar. Esa angustia es fruto de la alienación sentida consciente o inconscientemente.
Sin embargo el destino del hombre no es sólo ser hombre, sino ser lo que esencialmente es. Todos los hombres consciente o inconscientemente han sentido alguna vez aunque sea fugazmente que su existencia es producto de un paso desde su esencia. Su verdadera realidad es producto de este paso. La tensión se produce porque el hombre en su existencia no puede recuperar la esencia que le pertenece y por tanto siempre se mantiene sediento e insatisfecho. Una vez que el hombre comprende su alienación existencial, tratará de reunirse con ese fondo de su ser que es Dios y que anhela como “el ciervo en el desierto”.
Paul Tillich describe en su “Teología sistemática” el fracaso de varios modelos de auto salvación.
La propia religión como tal no puede identificarse con la salvación porque tiende desgraciadamente a identificarse con la revelación y en ese intento termina por deformar el depósito que ha recibido. Si esto es así la propia religión se convierte en un intento vacío de auto salvación.

MÉTODOS LEGALISTAS

La ley como tal es un don divino porque le muestra al hombre cual es su naturaleza esencial y le explica como debe ser su vida en el mundo. La ley se convierte en mandato precisamente porque el hombre se encuentra alienado de lo que debería ser.
El hombre al sentirse alejado de lo que debería ser se siente angustiado y en ese momento corre el riesgo de pensar que el cumplimiento meticuloso de la ley tiene poder para romper su alienación, su separación de Dios. Se descubre que la ley necesaria es al mismo tiempo imposible de cumplir porque el hombre no sabe amar. Pretender que se cumple la ley termina en hipocresía y auto elevación, en engaño y manipulación.
El legalismo es el polo opuesto al misticismo.

MÉTODOS ASCÉTICOS

Se trata aquí de ejercitarse en el dominio propio con el objetivo de apagar todo deseo. El asceta se pone toda clase de límites, disciplinas y barreras pensando que esas restricciones serán capaces de convertirse en un puente que le lleve a Dios y acabe con su alienación.
Estos intentos de auto control, buenos en sí mismos, pueden desembocar en actitudes puritanas haciendo de nuevo depender la salvación del propio método. Este método de auto salvación sin embargo no consigue eliminar las apetencias y los deseos simplemente porque forman parte de la naturaleza humana y aunque reprimido siempre estarán presentes. Esta represión en el peor de los casos puede causar estados psíquicos patológicos.

MÉTODOS SACRAMENTAL, DOCTRINAL Y EMOCIONAL

- El método sacramental

Se encuentra muy presente en el catolicismo. Si la gracia divina le llega al hombre a través del sacramento, este se convierte en un objeto salvífico. Si el sacramento sólo lo imparte una iglesia, es además un instrumento de poder, dado que su intermediación es necesaria para la salvación.
El sacramento debe ser administrado de una determinada forma, por una determinada persona delegada por una determinada iglesia para que aporte de verdad la gracia necesaria.
La repetición del rito y la mera participación en la recepción del sacramento, exista o no una transformación o compromiso personal garantiza la eficacia del mismo ya que posee por definición el poder en si mismo de otorgar aquello que significa.
Si el énfasis recae no en la actitud del corazón sino en si se ha realizado correctamente el rito conforme a las fórmulas prescritas, entonces el sacramento se ha convertido en un método de auto salvación.

- El método doctrinal

Si el sacramentalismo es mayoritariamente católico el método doctrinal es predominantemente protestante. A pesar de que son los protestantes los que más han insistido en el libre examen de las Escrituras, muchas veces una determinada forma particular de entenderlas se impone excluyendo toda otra posibilidad interpretativa. Es entonces cuando la doctrina se presenta con los mismos rasgos del sacramento. La fe en Cristo y la confianza en su obra deben entenderse de una determinada forma; y esa forma es la manera de entender esa fe y esa obra que tiene ese grupo concreto para que tenga poder salvador.
Se enseña que la obediencia a la Biblia es obligatoria, pero como el sentido de sus palabras es divergente según las diferentes interpretaciones se exige que el fiel siga la interpretación particular del grupo. Esto es muy notorio entre los grupos fundamentalistas actuales y está en el origen de todas las sectas y denominaciones que se han originado en el protestantismo. Como se comprenderá, toda posibilidad de análisis crítico se halla aquí sumamente restringida.
La deformación de la “justificación por la fe” persiste hasta hacerse un instrumento de auto salvación. La fe, como estado en el que el ser se siente embargado por lo último, se altera profundamente y pasa a ser la creencia en una doctrina.
La afirmación intelectual de la doctrina no puede crear nada más que inseguridad cuando la doctrina se confronta con la vida, con la razón o con el verdadero sentido de lo último que brota de lo profundo del ser humano.

- El método emocional

Determinadas formas de cristianismo buscan “síntomas” de conversión. La persona “convertida” debe sentir unas determinadas sensaciones, debe entrar dentro de un patrón de experiencia determinado. Estas emociones suelen ser provocadas por el ambiente y sólo en pocas ocasiones son auténticas. Se busca la plenitud del Espíritu en la emisión de determinados lenguajes o en otros signos.
Es cierto que no hay religión sin un encuentro personal con Dios, pero cuando este encuentro viene definido, delimitado, enseñado o impuesto por una determinada enseñanza particular se convierte en esclavitud o en fanatismo. El “converso” busca desesperadamente los síntomas para obtener así la certeza de su salvación y en este sentido la emoción es una metodología auto salvífica.

MÉTODOS MÍSTICOS

Paul Tillich señala que, "lo místico es una categoría que señala como característico de lo divino su presencia en la experiencia. En este sentido, lo místico constituye el corazón de toda religión. Una religión que no puede decir: “el mismo Dios está aquí presente”, se convierte en un sistema de reglas morales o doctrinales que no son religiosas, aunque puedan dimanar de unas fuentes originariamente reveladoras. El misticismo, o la 'presencia sensible de Dios', es una categoría esencial en la naturaleza de toda religión y nada tiene que ver con la auto salvación".
¿Dónde se encuentra entonces el riesgo? En tratar de escapar de la alienación o separación de Dios buscando la reunificación por medio de unos ejercicios corporales o mentales, que serían muy notorios en el caso de las religiones orientales.
Según el autor, el misticismo fracasa si se considera a sí mismo como un método de reunir al ser finito con el infinito porque: "nunca se logra una real unión del místico con Dios y, aunque se lograra, nunca vencería la alienación de la existencia. A los momentos de éxtasis siguen largos periodos de “sequedad” del alma y, en general, la condición humana no cambia (suponemos que quiere decir de forma permanente) porque las condiciones de la existencia siguen incambiadas".
Sin embargo su valoración final de la mística no es del todo desfavorable pues como el mismo admite:... "el misticismo clásico niega la posibilidad de auto salvarse en el postrer estado del éxtasis. Cuando se ha alcanzado este estadio, no es posible forzar la re-unión extática como lo último. Esta tiene que ser un don, aunque quizá no se dé nunca tal don. Este límite decisivo que entrañan los métodos de auto salvación del misticismo, deberían paliar las críticas, a menudo harto sumarias y endebles que los teólogos protestantes, tanto los seguidores de Ritschl como los neo ortodoxos, formulan contra los grandes místicos.
Si los teólogos prestaran una mayor atención a los límites ya indicados por los propios místicos, tendrían que darnos una valoración más positiva de esta gran tradición".
Sin embargo los teólogos protestantes no siguen en general el consejo de Tillich. Unos por desconocimiento y otros porque aceptan sin más lo que les ha enseñado, tachan a la mística como una expresión no cristiana de la espiritualidad.
Tomemos como ejemplo, el famoso diccionario de teología “Harrison”. Tras reconocer que algunas figuras del cristianismo (Eckhart y Juan de la Cruz entre otros) “obtuvieron un alto nivel de fruto y fe cristiana” se pregunta si “el misticismo es genuinamente escritural, aun en su forma cristiana”. Prosigue el comentario afirmando que en Pablo y Juan se encuentran elementos místicos sólo aparentemente y que el misticismo cristiano no presenta en general “herejía grosera o consciente”, pero considera que es una “expresión de religión humana”. Esta afirmación se fundamenta en tres consideraciones:

1. Exegéticamente porque no existe ningún apoyo bíblico directo para el misticismo. Ni siquiera se puede considerar que la experiencia de Pablo relatada en Gálatas 2:20 (Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí) tenga una orientación mística.

2. Dogmáticamente, porque “el misticismo pareciera reposar en un falso supuesto en su búsqueda de una unión directa o inmediata y de una comunión directa del alma con Dios”

3. Prácticamente porque el misticismo implica una subjetivización inaceptable.
La entrada termina diciendo que: “aparte de sus ‘extravagancias obvias’ aun se puede dudar de si es una forma genuina de cristianismo bíblico y evangélico”.

CONCLUSIÓN

Aunque nuestra intención en este artículo no es una defensa del misticismo sino más bien una presentación de los peligros que tiene la mística de convertirse en un método de auto salvación, creemos adecuado algún comentario.
La mística en su acepción más simple significa “la experiencia de la Vida”. Experiencia quiere decir precisamente eso; experiencia y no interpretación. En este sentido, todos los hombres son llamados a ella pues en esa experiencia el hombre encuentra su sentido y su destino. Es cierto que no todos los hombres van a tener esa experiencia, y también es cierto que los que no la han tenido no pueden hablar de ella más que de oídas. De hecho posiblemente los únicos capacitados para “criticar” a fondo la mística son los místicos.
Quizá lo más doloroso de la incomprensión del significado de la mística sea como hemos visto más arriba frases como esta: “el misticismo pareciera reposar en un falso supuesto en su búsqueda de una unión directa o inmediata y de una comunión directa del alma con Dios”. Pero, ¿hay alguien que ame a Dios que no desee esa unión? ¿Es dogmáticamente incorrecta tal búsqueda? ¿Se puede ser “religioso” sin esa sed de Dios? ¿No es esa unión el anhelo de toda alma? ¿Dice la Biblia que esa unión es sólo para el más allá? Decir: ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí, ¿no es una confesión de esa experiencia de unión con la Vida, con el “fondo” de nuestro ser, con Dios mismo? Si Cristo es uno con Dios y nosotros somos uno con él, si hemos dejado de vivir para que ahora viva Cristo en nuestro lugar nuestra vida, si somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos (Efesios 5:30) ¿no tenemos ya esa unión en nuestras manos?
Otra cosa es que tomemos o no aquello que ya hemos recibido.
Ciertamente la mística cristiana puede convertirse en una falsa vía de auto salvación, si confía en que determinados ejercicios posturales, de concentración, respiración etc. pueden provocar por sí mismos la unión mística, olvidando que esta es un don de Dios.

La unión mística no puede ser explicada conceptualmente. Para un cristiano el contenido de esa experiencia se explica en términos cristianos y para un budista en términos budistas, aunque posiblemente no sean lo mismo ni deban serlo. En todo caso la interpretación ya no es la mística en sí, sino su traducción conceptual y solo eso. En la mística se trata de “ser”, no de experimentar, porque el que experimenta ya es un sujeto enfrentado a su propia experiencia y a todo lo demás. En la mística simplemente se “es” o si se prefiere, simbólicamente se es la experiencia.

Todas las cosas buenas se pueden adulterar y muchas cosas falsas pueden presentarse como auténticas por eso es necesario que el místico también se mantenga alerta y en comunión con otros caminantes más adelantados.

viernes, 26 de marzo de 2010

Mondo de Yao Shan

Una vez el maestro Yao Shan estaba sentado en profunda meditación, cuando se le acercó un monje y le preguntó: "Sentado firme como una roca, ¿en qué estáis pensando?".
El maestro respondió: "Estoy pensando en algo que es absolutamente impensable".
El monje: "Cómo podéis pensar en algo que es absolutamente impensable?".
El maestro: "¡Con el pensamiento no-pensante!".

jueves, 25 de marzo de 2010

¿Dudas?

DUDAS

He leído tu correo y trataré de comentarte algunas cosas. Lo primero es decirte que todo lo que te pasa es normal. Estás viva espiritualmente y la vida espiritual demanda respuestas. La vida de fe es así, aunque nos gustaría que fuese todo más sencillo. Pero todo es útil y al final mejor. No te angusties por las dudas o por los ataques del Enemigo, él es una parte de tu propia mente. Tal vez una buena porción de los problemas doctrinales que tienes se deben al ambiente fundamentalista en el que te mueves.
He de aclararte para que entiendas bien esta carta, que he recorrido un enorme camino desde ese fundamentalismo que hoy me resulta erróneo y a veces hasta nauseabundo. No he hablado demasiado de esto porque no estoy seguro de que mi camino sea un camino para todos. Temo escandalizaros, asustaros y temo ser tropezadero para vuestra fe, por eso he guardado silencio y si ahora hablo un poco es porque creo que el fundamentalismo bíblico en el fondo no nos sirve para vivir y por eso pides ayuda. Es verdad que es cómodo vivir en un sistema cerrado de verdades absolutas. Es cómodo tener un manual infalible al que recurrir en el que encontrar respuestas para todo. Mientras ese sistema y ese manual funcionan para nuestra vida, mientras las preguntas que nos hacemos se contestan con el, lo mejor es no cambiar de sistema ni de manual. Cada uno recorre su camino espiritual fundamentalmente en soledad y no en compañía. Sería absurdo que yo te diera respuestas a preguntas que no te haces. Eso sería prematuro y negativo para tu fe, porque cada uno va a su ritmo y así debe ser. Pero planteas una serie de cuestiones que denotan dos cosas: Tienes un determinado concepto de Dios y además hay ciertas cosas de la Biblia y del dogma que te resultan complicadas de aceptar así sin más. Recuerda esto: lo importante es la Palabra no el libro.
Un día tenemos un vislumbre arrebatador de Dios y desde entonces nada es igual. Hay un antes y un después.
Lo más curioso de este camino emprendido en el que Dios me ha metido es tal vez que Dios ha destruido casi todas mis seguridades. Me ha conducido desde el camino de la certeza al camino del amor, de su amor. El primero era más seguro, ahora casi siempre estoy al borde del abismo, ando por el filo de una navaja, siento vértigo y Dios me descoloca y me lleva de un lugar a otro y casi no me da tregua. Antes estaba más seguro, ahora estoy locamente enamorado. Prefiero el amor a toda certeza teórica, porque prefiero a Dios antes que a sus cosas. Todavía no se nada, o mejor dicho no se nada aparte de algo pequeño pero importante acerca de su amor, porque de una cosa estoy convencido Dios es solamente amor. Y cuando digo solamente, digo exactamente eso, que poco más podemos decir con certeza de él.
Esta visitación de Dios ha sido a veces insufrible, a veces creí que no iba a volver de allí. El amor y la muerte se parecen mucho.
Lo que descabalgó todos mis argumentos y todas mis defensas, principios, seguridades y certezas fue participar en un breve instante del amor de Dios. Un día estuve allí y conocí aunque por un instante al amor. Cayó sobre mí con tal fuerza que pensé que no iba a poder seguir viviendo. Me dio miedo aprender a amar después de haber gustado lo que esto significa para Dios. Aun no se amar ni padecer, pero he estado allí. También, por un instante padecí el dolor de Dios, la cruz de Dios y pude comprobar que amor y cruz, vida y muerte son las dos caras de una sola moneda llamada, amor.
La muerte es solo la vida vista del otro lado. El conocimiento aunque infinitesimal, fragmentario y torpe del amor de Dios me imposibilita para seguir creyendo en el mismo Dios. Si Dios es amor, “ese” amor, entonces hay cosas que no son compatibles con él lo diga quien lo diga. Si creo que Dios es amor debo creerlo con todas sus consecuencias. La clave hermenéutica para entenderlo todo es el amor, porque Dios es amor y si es amor todo debe ser diferente de lo que nos han enseñado. Cristo nos enseñó de ese amor y en buena manera el cristianismo al no poderse librar del legalismo veterotestamentario ha deformado la enseñanza del propio Jesús. Todo hubiese sido más sencillo si las cosas se hubiesen dejado allí es decir en el amor.
Si quieres entender algo de Dios tienes que exoerimentar que él es solamente amor.
La verdadera imagen de Dios es el Crucificado. Jesús se deja hacer de todo por unos hombres ciegos en el Gólgota, porque está maniatado por el amor, porque es solo amor, solo amor, solo amor.
Jesús es el símbolo de Dios. Al ver a Jesús en la cruz estamos viendo a Dios en ella. Si hubiese bajado de la cruz para volverse todopoderoso habría dejado de ser nuestro Dios.
Dios solamente puede tener hacia ti una actitud; amarte y solamente amarte. Y cada vez que tú le des la espalda, sea por tu actitud, por tu infidelidad, por tu locura, por tu omisión, él amorosamente espera impotente, crucificado, a que vuelvas para poder ser abrazada, consolada, llenada, amada. Eres amada por Dios. El solamente es amor y nosotros todavía somos algo más que amor, por eso somos mucho menos que él, porque aquí el que suma al amor no hace sino restar y perder.
Dios no se busca a sí mismo, nos busca desesperadamente como el que tiene sed, porque Dios nos anhela como desde el desierto, desde el desierto nuestro. Nosotros buscamos además otras cosas. Somos los seres del “además”. Deseamos a Dios, y algo más. El solo nos desea a nosotros porque somos de él y él es el fondo y fundamento de nuestro ser. Somos sangre de su sangre y hueso de sus huesos en Cristo.

Ahora bien se nos ha enseñado que la cruz y el sacrificio de Cristo en la Cruz es un sacrificio expiatorio, cuyo prototipo es el holocausto del Antiguo Testamento. Esta forma de ver las cosas implica una imagen distorsionada de Dios. Tal cosa significa que la ira de Dios siempre pronta a derramarse, debe caer sobre alguien. Si no cae sobre el pecador debe caer sobre Cristo, pero alguien debe pagar.
Eso no puede llamarse perdón, es más bien un pago en moneda de sangre a un Dios que sin derramamiento de sangre no se reconcilia con el pecador aunque este se arrepienta. Afirmar que Dios queda satisfecho viendo la sangre de su Hijo, es no conocer el amor ni la paternidad de Dios.
¿Qué hombre en su sano juicio, aunque fuese el más depravado de la tierra podría quedar “aplacado” y feliz viendo el dolor, la agonía y el sufrimiento de su propio hijo en aras de no se que justicia ofendida? ¿No sería entonces la justicia mayor que el amor? ¿Qué pensaríamos de semejante hombre?
Se nos dice que con sangre la ira divina se aplaca, que la cruz es agradable al Padre y que la sangre es el “olor grato” que necesita Dios para no estallar de ira. Dios necesita hacer caer sobre su propio Hijo su ira y su terrible juicio en aras de una ofensa que al parecer no puede ser perdonada sin derramamiento de sangre. ¿De verdad Dios es así? El perdón no exige nada a cambio y si lo hace entonces no es perdón sino pago.
No, no es así, Dios es amor, el está dispuesto a crucificarse sin levantar la voz, para hacernos entender, que no reclama la sangre de nadie y mucho menos de su propio Hijo el amor hecho carne.
Dios es crucificado, cada vez que un hombre es clavado en la cruz. El está en todos los crucificados de este mundo. La cruz nos salva porque nos muestra a Dios tal y como es, capaz de todo por los hombres.
Quien no es capaz de responder con amor al amor, es que no conoce el amor. Pero a pesar de todo Dios no condena; tan solo espera, como el padre del "hijo prodigo". Dios quiere que le amemos y que nos amemos. El es amor y pide amor. La cruz de Cristo es para el Padre la mayor abominación, la mayor ofensa que el hombre ha podido hacer al hombre. Y lo increíble es que a pesar de que seguimos crucificando al hombre, el nos sigue amando.
“Perdónales porque no saben lo que hacen”, exclama Jesús al ser clavado en la cruz. ¿Por qué pedir perdón para esos hombres si según la teoría clásica su acción era lo que el Padre deseaba? Los hombres serían agentes del deseo de sangre de Dios, por tanto cómplices y copartícipes de Dios en la muerte de su Hijo. No, Dios no deseó la muerte de su Hijo, no la exigió, no la necesitó para aplacar su ira, solo nos muestra su amor infinito, porque Dios no necesita sangre para nada, no quiso ser aplacado, porque el amor no precisa ser aplacado.

Una vez dicho torpe y brevemente esto tan importante estamos en condiciones de contestar algunas de tus cuestiones.
Tu imagen de Dios, como todas las imágenes de Dios es falsa. De Dios no debemos tener ni siquiera una imagen mental. El Padre se ha vaciado completamente en el Hijo, le ha dado todo lo suyo, todo lo que el es y si le miramos (al Padre) solo vemos la nada, el silencio, el vacío, porque todo está ahora en Cristo. En el solo queda el misterio insondable del Padre, fuente de la divinidad y de todo ser. No hay ni siquiera conceptos o palabras para hablar o pensar en él. Lo único que podemos hacer es “ser en el”. Al mirarle dejamos de verle.
En el Hijo (también físicamente), por medio de él y para él, Dios ha creado todo y a nosotros también que somos hijos. En el vivimos y nos movemos y somos. El nos da el ser y es lo profundo de nuestro ser. Nuestro yo real y verdadero. El sustenta toda la creación y a nosotros y nos arrastra a través de las galaxias y de la vida y de la muerte en un río de amor hasta el Padre abrazados en el aire y el fuego de su Espíritu, donde un día el será todo en todos y todos estaremos en Dios.

Dices:… "la duda y por lo tanto el juicio están presentes". La primera parte es cierta la duda suele estar presente; la segunda es falsa. Dios no te juzga porque dudes. El solamente te ama. Si aun te crees bajo juicio es que no has entendido el amor.

En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor.(1Jn 4:18)

No debes ser perfeccionada en la doctrina, ni en la fe, ni en el conocimiento, solo en el amor, todo lo demás viene después. Debes hacer solo una cosa: Déjate amar por Dios. Recibe simplemente su amor, recibe llena de paz el amor de Dios. Debes amar para creer, no creer para amar. Dios sabe que dudas, pero no por eso duda de ti, no por eso se aleja de ti, y mucho menos te condena. Para amar debes entregarte solamente para amar y ser amada. Ama, lo demás no importa, porque “lo demás” habrá desaparecido. Solo quedará saciedad insaciable, ya verás.
A veces es más difícil dejarse amar, que amar. Sea como sea tu amor debe ser perfeccionado. Y solo el amor puede perfeccionar al amor.
No albergues ninguna duda en lo que respecta al amor de Dios incondicional y perfecto. Dios es luz y en él no hay tinieblas. Dios no tiene una parte oscura, un “si pero”, un algo tenebroso. Dios es solamente amor, es decir, luz, luz pura, sin cara oculta donde pueda anidar la sospecha o el temor. No estás bajo juicio estás bajo su amor.
Atreverse a amar es poder decirle a las personas: "Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar". Tienes que ser el lugar de reposo del que está trabajado y cargado, porque ya no vives tú sino Cristo en ti.

La duda es una parte fundamental de la fe. Sin ella no crecemos. Ella es la que nos hace cuestionar y por tanto nos empuja a buscar la respuesta y a crecer. ¿Dudas? Pues no des tregua a Dios. En el silencio de tu corazón te llegará la respuesta. En la intuición, sin palabras, sabrás la verdad. Pero el oído debe estar limpio de sospecha, es decir, de temor. Cree en el amor y el amor te llevará a toda la verdad.
No te puede bastar que yo te convenza con una serie de argumentos acerca de doctrinas ortodoxas. Lo que si te puedo decir es que el amor me ha enseñado todo lo que se.
También es cierto que el concepto que tenemos del Hijo es demasiado raquítico y pequeñito. Pero siento que es mejor que dudes y que pelees con Dios hasta que comprendas por ti misma. Cuando le busques en amor, desesperadamente enamorada hasta la muerte y te bese con los besos de su boca comprenderá todo lo que el tenga que decirte y lo que no te diga, será porque ahora es lo mejor para ti. Tratar de argumentar es inútil en estas cosas.
De momento lo que si te aconsejo es que confíes es esa gran verdad; Dios te ama. Trabaja con esto en confianza. Piensa lee y medita y sobre todo ora, buscando en amor las respuestas, clama por la intuición divina y no te angusties por las dudas.
Quien conoce a Dios no duda de el, en todo caso duda de las cosas que se dicen de él.
Ya se que hay cosas doctrinales que no están tan claras, pero es que Dios está por encima de todas las doctrinas juntas, por más santas que sean. Lee la Biblia con los ojos y el Espíritu de Jesús y sin idolatrarla, porque como te dije lo importante es la Palabra y no el libro. En la Biblia hay muchas cosas que deforman a Dios. El Dios de Éxodo 32 (donde Moisés parece el bueno y Dios el de “mecha corta”) o de Números 25(donde Dios premia a un asesino con el sacerdocio perpetuo), o el que se enfada si no se exterminan poblaciones enteras incluidos los niños de pecho. Pero ese no es el Dios de Jesús. De eso si puedes estar segura no temas confesarlo y proclamarlo, no sea que alguien pueda pensar que el Dios del que hablamos, del Dios de Jesús es ese ídolo irascible y siniestro.
Hay que leer con discernimiento y siempre desde la clave hermenéutica fundamental que es esta: Dios es amor. Lo que no es amor, no es de Dios, lo diga el libro que lo diga.

En cuanto a la concepción en María por el Espíritu, los cielos abiertos con ángeles cantando, y cosas por el estilo, creo que carecen de importancia. Yo prefiero creer que Jesús es hijo de José y de María que es verdadero hombre en todo como nosotros. Eso lo hace más humano y menos mitológico y esto no afecta a mi vida de relación con Dios.
Lo que si he conocido es que Cristo está vivo. Esto no tiene que demostrármelo nadie. Tengo relación y conozco a un Cristo vivo. Los detalles biológicos o históricos son secundarios para mí.
Se que vivo “en” una Realidad que funciona posiblemente de modo trino, sin que esto signifique la doctrina de la Trinidad tal y como la confiesa el Credo. Que junto con el cosmos y con Dios formo la Realidad. Todo es encarnación del Hijo. Toda la Realidad es la encarnación que surge del Padre por la fuerza de Espíritu. La vida física de Jesús, su momento histórico en la tierra, es tan solo un punto en el infinito de su ser y nuestro ser que es alfa y omega.
Dios sabe que tenemos que dudar porque muchas de las cosas que se nos hace confesar en la iglesia son sencillamente imposibles de demostrar.
No hay nada que demostrar, hay que vivir. La verdad como la libertad nos han sido dadas para ser vividas, no solamente expresadas, no solamente comprendidas, como las ecuaciones. Su palabra es espíritu y es vida.
La mente animal, no percibe las cosas del Espíritu. Pero tenemos el Espíritu y él penetra hasta lo profundo de Dios. Ahora tenemos la mente de Cristo. Esa mente nos enseña lo que sabe de Dios y nos lo declara no en doctrinas, sino en vida. Lo que nos da vida lo que nos trae felicidad y alegría eso viene de Dios y eso contagia de Dios a los demás.
Muchas cosas solo podemos o creerlas o dudar de ellas o saberlas por revelación personal de Dios de forma intuitiva y viva. Muchas de las afirmaciones doctrinales se han realizado en situaciones, sociales, culturales y políticas o en confrontaciones doctrinales o en declaraciones contra herejes, que han inclinado la balanza en una u otra dirección. Lo peor de todo es que muchas veces los dogmas encierran una imagen de un Dios rencoroso, justiciero, sediento de sangre, temible, terrible y nada amoroso. Afortunadamente el hombre actual ha llegado a una cierta mayoría de edad y el cristianismo está llegando también. No tengas miedo a pensar, a dudar a cuestionarte a poner tu fe a prueba cuando sea necesario. No basta con decir: "esto es una tontería o una tentación" y apartar la duda. La única duda que deja de serlo es la que deja de serlo. De nada vale quitarla del pensamiento porque volverá. Dios quiere que le conozcamos y nos da libertad inteligente y amor para que lo logremos. Los únicos que no dudan son los miembros de las sectas y los fundamentalistas. No seas fundamentalista bíblica. La Biblia es un libro maravilloso que nos relata algunas intuiciones geniales sobre Dios y otras horribles, fruto de mentes malhumoradas. La Biblia no es Dios.
No tengas miedo de la ciencia, de sus nuevos descubrimientos. Las galaxias y su funcionamiento nos hablan de Dios mejor que los coros celestiales, porque nosotros no vemos nunca ángeles cantando al salir de casa, pero todos los días vemos los cielos de Dios.

Sin que esto sea el fin de mi respuesta espero haber sido de ayuda. No pretendo haberte resuelto los problemas. Los problemas hemos de resolverlos nosotros si no, es trampa. Nadie debe hacer nuestros deberes.
Es bueno aprender junto con los que han pasado antes por esos caminos. Este es otro gran problema del cristianismo. No hay muchos maestros de verdad enseñados por Dios. Los hindúes aprenden cerca de sus gurús, nosotros desgraciadamente parece que tenemos que ir por libre.
No te desanimes se fuerte y pelea. Estamos en camino. Somos seres inacabados, en proceso a lo que hemos de ser. Esta vida es un escalón en nuestra creación. La creación sigue evolucionando y nosotros con ella cada día. Porque la creación no ha terminado, El Padre trabaja hasta ahora y el Hijo también. ¡Que emoción! El universo es una especie de útero inmenso donde Dios nos ha puesto y donde nos hace crecer hasta que lleguemos a la estatura de Cristo y descubramos que somos uno con el Padre.
De la salvación, lo más importante no es su parte negativa: “salvados de”; lo más importante es que hemos sido “salvados para”. Para llegar a nuestro destino que es Dios mismo. Esta es la salvación, tomar posesión de lo que somos. No tengas miedo Dios te ama como ama a Jesús. Cuando el se te manifieste serás semejante a el, porque le verás en ti tal y como el es y a ti en el.

miércoles, 24 de marzo de 2010

Ahora

AHORA

Como me has pedido que a pesar de la distancia no te deje huérfana, he decidido hacerte partícipe poco a poco de mi itinerario espiritual diario. Bueno, esto no significa que día a día te cuente exactamente por donde voy en las cosas de Dios, pero sí al menos que sepas por donde van los tiros. Supongo que si esto es útil para mí, tal vez pueda serlo para ti. Lo que sí deseo que entiendas, es que esto, no puede sustituir de forma alguna tu devoción diaria, tu búsqueda de Dios, tu anhelo de él, tu deseo de plenitud en el Espíritu, tu oración y tu contemplación de cada día y por qué no, tus peleas con Aquel que desea ser combatido y vencido por tu corazón rendido, para bendecir hasta lo sumo.
Las cosas del Espíritu no son nunca sistemáticas u ordenadas. Son más bien intuiciones, golpes de amor, preguntas y respuestas que surgen de la propia vida y como ésta no es precisamente sistemática ni previsible, pues así son las cosas de Dios. Y no es que Dios se haga un lío, es que él es como es y nosotros como somos. No somos como él aunque sin embargo hemos de serlo. Por eso lo primero que debemos entender, es que no tenemos que entender todo. Básicamente como decía San Agustín, a Dios no le interesa mucho lo que hemos sido, ni lo que seremos, lo que le interesa es lo que somos ahora. Pues bien el caballo de batalla es el “ahora”, por eso es verdad aquello de: “ahora o nunca”.
Hoy es el único día en el que nos es permitido vivir. Si no entiendes eso, tu vida pasará y no habrás vivido, sólo habrás deseado vivir. La vida viene sin programa, sin manual de instrucciones, y por eso nos equivocamos. Pero si pienso continuamente en mis errores pasados y convierto mi vida además en un constante dudar de todo con el objeto de no volverme a equivocar o a tratar de corregir aquello que no tiene solución, no he aprendido lo primero de todo y esto es que cuando no debo equivocarme es SOLO Y EXCLUSIVAMENTE HOY, no cuenta lo pasado ni lo por venir. Una poetisa ha escrito:

Estaba lamentándome del pasado y temiendo el futuro.
De repente mi Señor estaba hablando:
“MI NOMBRE ES YO SOY”...

Cuando vives en el futuro con sus problemas y temores
Es difícil. Yo no estoy allí.
“MI NOMBRE NO ES ‘YO SERÉ’…

“Cuando vives es este momento, no es difícil. Yo estoy aquí.
MI NOMBRE ES ‘YO SOY’”.

Lo lamentable es que el Señor está siempre a nuestro lado y nos lo perdemos, porque nosotros o estamos en el pasado o en el futuro, y así, siempre nos encontramos despistados y desprotegidos. En el “ahora” del pasado allí estuvo Dios y en el “ahora” del futuro también estará, pero solo en el ahora, no luego, ni después, ni entonces; “ahora”.

Así que hoy hemos aprendido algo maravilloso: EN ESTE INSTANTE DIOS ESTÁ ABSOLUTAMENTE, COMPLETAMENTE, TOTALMENTE, PLENAMENTE, AMOROSAMENTE CONTIGO.
Tienes todo Dios contigo. Si respiras, le respiras a él, si ves los cielos y los árboles y los pájaros, Dios está allí dándoles el ser. Si cierras tus ojos y miras en tu interior allí está Dios, porque el es el ser de tu ser, el yo de tu yo. Esto no hay que comprenderlo, hay que saberlo, hay que ser consciente de ello.

El único temor justificable es que podamos apartarnos de Dios. Pero como él ha dicho que aunque tomemos “las alas del alba” ( o en tu caso, “las de Villa Diego”) aún allí estará él, pues estamos tranquilos.

El salmista por eso dice: “Tú eres mi Señor; no tengo otro auxilio sino tú. El Señor es mi herencia y mi premio es mi alimento y mi bebida, mi mayor gozo. El cuida de cuanto es mío”.
“Óyeme, escúchame, atiéndeme, Dios mío, Rey mío, Padre mío, Creador mío, mi esperanza, mi realidad, mi honor, mi morada, mi Patria, mi salud, mi luz, mi vida. Óyeme, escúchame, atiéndeme, con ese estilo tuyo que tan pocos conocen. Ahora te amo solo a ti; a ti sigo. Solo a ti busco”.

San Agustín

Dios es para nosotros eso y mucho más. Te ruego que medites en cada cosa y que tu misma digas a Dios quién es para ti, aquí y ahora. No se trata de que pienses en ti, en tu situación; se trata de que loca de amor te pierdas en él por completo, abandonada, suelta sin ataduras ni temores. Lo tienes a él, lo tienes todo, cierra tus ojos y “AHORA” di: “Lo tengo todo Señor, se (aunque a veces no lo siento) que lo tengo todo, te tengo a ti y no deseo más, ahora te tengo. Señor haz que me olvide de mí. Haz que no me ocupe de mí, porque cuando me ocupo de mí, me pierdo, no se que hacer, no se qué desear, no estoy segura de nada ni de nadie, lo temo todo, no acepto nunca mi hoy, me asquean muchas cosas de mi pasado y me turba el futuro, por eso Señor te pido hoy como una gracia especial, que me ayudes, que me enseñes a vivir el “ahora” de cada día, que sepa vivir el afán de cada día, viéndote absolutamente en todas las cosas. Déjame creer que verdaderamente estás aquí ahora, convénceme de que soy amada hasta tal punto que hoy volverías a morir por mí, por puro amor, aunque yo hubiese sido la única persona en el mundo que hubiese pecado y hubiese tenido que ser redimida. Conviérteme cada día. Hazme como Jesús. Enséñame a morir, para que pueda comenzar a vivir de una vez por todas abrazando tu CRUZ”

Tomado de Cristo para todas las naciones con permiso del autor.

¿Cómo perdonar?

HACED LO MISMO

…Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo. (Lc 10:37)

Los muros, el cielo, el piso, todo es gris y frío. He visto muchas veces las fotografías del campo y siempre me estremezco. Estrechas chimeneas ahora sin humo, patios ahora en silencio pero en los que si se presta atención todavía resuenan los lamentos y el dolor. Todo es gris y frío. No puedo evitar sentir una curiosa sensación, es como si yo también hubiese muerto allí. No se como explicarlo, pero hay cosas que no se pueden explicar, que tal vez no debemos intentar explicar. Yo solo perdí un miembro de mi familia en el campo de exterminio Nazi de Mauthausen-Bosen, otros perdieron a todos o a casi todos. Se que fue el 19 de diciembre de 1941. También en las Navidades hay días tristes.

No se cómo murió, no se qué fue de su cuerpo, pero lo más importante es que nunca sabré porqué.
He visto las pilas de cadáveres cuyos rostros se parecen todos un poco, restos de cenizas, muecas llenas de incomprensión, ojos vacíos de esperanza, huesos sobre huesos, piel sobre piel; y aun no se porqué.
Tampoco se porqué en los alrededores brotan flores en primavera, los pájaros cantan todos los días, y la vida sigue alrededor como si allí nuca hubiese pasado nada. No, no se porqué. No es justo.

Tal vez las flores que brotan más allá de los muros sean el homenaje de la vida que no se resigna a ser doblegada por la muerte y el horror. Tal vez no se trate de indiferencia cósmica, sino de un símbolo de la victoria de los muertos, que nos gritan que su muerte no es inútil. Tal vez, pero no estoy seguro de saber porqué.

Algún día me sentiré con fuerza para visitar el Campo, pero hasta ahora había sentido miedo. No se trataba de miedo al lugar, de miedo a sentir el horror, de miedo a sentir la muerte en mi propia carne, no se trataba de no saber dónde estaba Dios en medio de todo aquello; se trataba del miedo a no poder perdonar. Se trataba del temor a que la angustia del momento me impidiese sentir compasión de los verdugos. Ese ha sido el peor de mis temores hasta ahora.

¿Cómo se puede perdonar lo que no merece ser perdonado? ¿Cómo puede el hombre ser capaz de de tal horror y esperar misericordia? ¿Donde encontrar un resquicio a través del cual tomar de la mano a mi enemigo con misericordia?

Solo he encontrado una respuesta, solo una posibilidad a la que puedo aferrarme, solo unas palabras de mi Señor…perdónalos, porque no saben lo que hacen. (Lc 23:34)
Jesús me dice: perdónalos, porque no saben que en cada persona asesinada, en cada niño, mujer u hombre destrozado, se están matando a sí mismos. Perdónalos porque no saben que están matando a Dios en cada hombre. No, no saben lo que hacen están ciegos y no pueden ver que Jesús está presente y visible en todo el que padece hambre o sed, enfermedad, prisión, desnudez o muerte, presente realmente en cada uno de ellos (Cf. Mt 25:35,36). Y desde cada uno de ellos Jesús me grita: perdónalos.

¡Oh Señor! Que en cada muerte pueda ver ahora tu muerte, en cada dolor tu dolor pero también tu perdón, el perdón universal, el perdón de Dios.
¡Oh Señor! Que pueda yo hacer lo mismo, que pueda ser de los que sí saben lo que hacen, para no hacerte daño en el hombre jamás.

Tomado de Cristo para todas las naciones con permiso del autor.

Presentación

A todos los sedientos: Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad y comed. Venid, comprad sin dinero y sin precio, vino y leche.
¿Por qué gastáis el dinero en lo que no es pan, y vuestro trabajo en lo que no sacia? Oídme atentamente, y comed del bien, y se deleitará vuestra alma con grosura.
Inclinad vuestro oído, y venid a mí; oíd, y vivirá vuestra alma.(Isaías 55:1-3a)