UN RIESGO PARA LA MÍSTICA
La salvación es un don de Dios dado a todos los hombres. Los cristianos piensan que esa salvación se encuentra en el don gratuito de Cristo. La salvación como don es algo que se recibe, no que se logra. Sin embargo existen otras formas de considerar la salvación, en concreto se trata de métodos que no hacen depender la salvación de nadie externo al propio hombre y de su esfuerzo.
Son varios los métodos de auto salvación que el hombre ha ideado a lo largo de los siglos. Estos métodos no son exclusivos de ninguna religión como lo demuestra el hecho de que se pueden encontrar en todas ellas.
Las religiones surgen de un encuentro entre el hombre y Dios. Este encuentro se produce en forma de experiencia interior o revelación que por su inmediatez puede calificarse de “mística”. El hombre que la ha recibido se siente tan profundamente transformado que si bien en un primer momento guarda silencio, luego tras un periodo de asimilación desea comunicar a los demás su experiencia con el ánimo de hacerles partícipes de su gozo y transformación.
Una vez que un grupo de seguidores ha sido hecho partícipe de la revelación, pueden ocurrir dos cosas: Qua se acepte la revelación en forma de creencia o que se comparta realmente, vitalmente la revelación anunciada.
En el primer caso se comienza a gestar un cuerpo doctrinal, una jerarquía y unos ritos que se plasman a la larga en algún relato escrito supuestamente por los seguidores más cercanos al fundador. Con el tiempo y la distancia al hecho fundante, se puede absolutizar un determinado punto de vista que lo interpreta. Este proceso acaba por imponerse como ortodoxia dogmática a toda otra interpretación. El producto final es generalmente la aparición de una “creencia” sin relación experiencial con el acontecimiento primitivo y, en el peor de los casos, un dogmatismo fanático, violento, excluyente y sin vida.
En el segundo caso puede ocurrir lo mismo. También puede ocurrir que la experiencia de Dios no sea exactamente igual en todos los seguidores y se produzcan disensiones que terminen en la ruptura con la aparición de grupos que serán tachados de sectarios por el grupo primitivo. Esto también es común al primer supuesto.
En raras ocasiones no obstante dentro de ambos grupos, un número de personas tiene una experiencia de Dios arrebatadora y de intensidad suficiente como para ser descrita dramáticamente. En un primer momento dado que esta experiencia llega vehiculizada por y a través del grupo y su doctrina, el “iluminado” tiene tendencia a pensar que su experiencia confirma como exclusiva la verdad del propio grupo al que pertenece y a su doctrina. En general pensará que tal experiencia transformadora no puede darse en otros grupos distintos, que serían vistos como falsos, imitadores o diabólicos. Sin embargo, con el tiempo, si esa persona tiene oportunidad de conocer a fondo a miembros de otros grupos religiosos o a sus doctrinas, puede caer en la cuenta de que la experiencia de Dios no es exclusiva de su religión ni debe necesariamente tener los mismos contenidos, expresiones o interpretaciones.
Al principio la perplejidad de este hecho pede provocar una crisis profunda en el creyente, porque los elementos religiosos de su grupo se habían interpretado como necesarios y únicos para la salvación. En condiciones normales, se acabará por aceptar que la experiencia de Dios es universal y tan variada como lo es la humanidad.
El temor de los grupos religiosos organizados hacia los místicos, descansa en el hecho de que para subsistir como estructura precisan de una doctrina cerrada más que de una experiencia, que los identifique y confirme en su autoridad. La violencia contra toda disidencia está servida.
No importa que con el tiempo, como ocurre en el caso del cristianismo, la realidad eclesial se haya alejado tanto de la humildad y pobreza de su fundador. Por encima de todo se trata de mantener la estructura que ha terminado por sustituir a su Fundador y a Dios mismo.
Ese blindaje doctrinal y estructural pocas veces puede aceptar un movimiento místico en sus filas sin gran temor.
EL PELIGRO DE LOS MÉTODOS SALVÍFICOS
Los diferentes modelos de auto salvación tienen el problema de que todos ellos a pesar de haber surgido desde un buen propósito y fundamento terminan por creer en su método como fuente de la salvación.
El ser humano entendido como hombre en el mundo, vive en una polaridad existencial. Disfruta de una libertad finita pero al mismo tiempo está entregado a un destino del que no puede escapar. Su destino es ser hombre, ser humano y este destino tensa su libertad finita que por poseer sed de infinitud, le provoca una angustia existencial de la que no puede escapar. Esa angustia es fruto de la alienación sentida consciente o inconscientemente.
Sin embargo el destino del hombre no es sólo ser hombre, sino ser lo que esencialmente es. Todos los hombres consciente o inconscientemente han sentido alguna vez aunque sea fugazmente que su existencia es producto de un paso desde su esencia. Su verdadera realidad es producto de este paso. La tensión se produce porque el hombre en su existencia no puede recuperar la esencia que le pertenece y por tanto siempre se mantiene sediento e insatisfecho. Una vez que el hombre comprende su alienación existencial, tratará de reunirse con ese fondo de su ser que es Dios y que anhela como “el ciervo en el desierto”.
Paul Tillich describe en su “Teología sistemática” el fracaso de varios modelos de auto salvación.
La propia religión como tal no puede identificarse con la salvación porque tiende desgraciadamente a identificarse con la revelación y en ese intento termina por deformar el depósito que ha recibido. Si esto es así la propia religión se convierte en un intento vacío de auto salvación.
MÉTODOS LEGALISTAS
La ley como tal es un don divino porque le muestra al hombre cual es su naturaleza esencial y le explica como debe ser su vida en el mundo. La ley se convierte en mandato precisamente porque el hombre se encuentra alienado de lo que debería ser.
El hombre al sentirse alejado de lo que debería ser se siente angustiado y en ese momento corre el riesgo de pensar que el cumplimiento meticuloso de la ley tiene poder para romper su alienación, su separación de Dios. Se descubre que la ley necesaria es al mismo tiempo imposible de cumplir porque el hombre no sabe amar. Pretender que se cumple la ley termina en hipocresía y auto elevación, en engaño y manipulación.
El legalismo es el polo opuesto al misticismo.
MÉTODOS ASCÉTICOS
Se trata aquí de ejercitarse en el dominio propio con el objetivo de apagar todo deseo. El asceta se pone toda clase de límites, disciplinas y barreras pensando que esas restricciones serán capaces de convertirse en un puente que le lleve a Dios y acabe con su alienación.
Estos intentos de auto control, buenos en sí mismos, pueden desembocar en actitudes puritanas haciendo de nuevo depender la salvación del propio método. Este método de auto salvación sin embargo no consigue eliminar las apetencias y los deseos simplemente porque forman parte de la naturaleza humana y aunque reprimido siempre estarán presentes. Esta represión en el peor de los casos puede causar estados psíquicos patológicos.
MÉTODOS SACRAMENTAL, DOCTRINAL Y EMOCIONAL
- El método sacramental
Se encuentra muy presente en el catolicismo. Si la gracia divina le llega al hombre a través del sacramento, este se convierte en un objeto salvífico. Si el sacramento sólo lo imparte una iglesia, es además un instrumento de poder, dado que su intermediación es necesaria para la salvación.
El sacramento debe ser administrado de una determinada forma, por una determinada persona delegada por una determinada iglesia para que aporte de verdad la gracia necesaria.
La repetición del rito y la mera participación en la recepción del sacramento, exista o no una transformación o compromiso personal garantiza la eficacia del mismo ya que posee por definición el poder en si mismo de otorgar aquello que significa.
Si el énfasis recae no en la actitud del corazón sino en si se ha realizado correctamente el rito conforme a las fórmulas prescritas, entonces el sacramento se ha convertido en un método de auto salvación.
- El método doctrinal
Si el sacramentalismo es mayoritariamente católico el método doctrinal es predominantemente protestante. A pesar de que son los protestantes los que más han insistido en el libre examen de las Escrituras, muchas veces una determinada forma particular de entenderlas se impone excluyendo toda otra posibilidad interpretativa. Es entonces cuando la doctrina se presenta con los mismos rasgos del sacramento. La fe en Cristo y la confianza en su obra deben entenderse de una determinada forma; y esa forma es la manera de entender esa fe y esa obra que tiene ese grupo concreto para que tenga poder salvador.
Se enseña que la obediencia a la Biblia es obligatoria, pero como el sentido de sus palabras es divergente según las diferentes interpretaciones se exige que el fiel siga la interpretación particular del grupo. Esto es muy notorio entre los grupos fundamentalistas actuales y está en el origen de todas las sectas y denominaciones que se han originado en el protestantismo. Como se comprenderá, toda posibilidad de análisis crítico se halla aquí sumamente restringida.
La deformación de la “justificación por la fe” persiste hasta hacerse un instrumento de auto salvación. La fe, como estado en el que el ser se siente embargado por lo último, se altera profundamente y pasa a ser la creencia en una doctrina.
La afirmación intelectual de la doctrina no puede crear nada más que inseguridad cuando la doctrina se confronta con la vida, con la razón o con el verdadero sentido de lo último que brota de lo profundo del ser humano.
- El método emocional
Determinadas formas de cristianismo buscan “síntomas” de conversión. La persona “convertida” debe sentir unas determinadas sensaciones, debe entrar dentro de un patrón de experiencia determinado. Estas emociones suelen ser provocadas por el ambiente y sólo en pocas ocasiones son auténticas. Se busca la plenitud del Espíritu en la emisión de determinados lenguajes o en otros signos.
Es cierto que no hay religión sin un encuentro personal con Dios, pero cuando este encuentro viene definido, delimitado, enseñado o impuesto por una determinada enseñanza particular se convierte en esclavitud o en fanatismo. El “converso” busca desesperadamente los síntomas para obtener así la certeza de su salvación y en este sentido la emoción es una metodología auto salvífica.
MÉTODOS MÍSTICOS
Paul Tillich señala que, "lo místico es una categoría que señala como característico de lo divino su presencia en la experiencia. En este sentido, lo místico constituye el corazón de toda religión. Una religión que no puede decir: “el mismo Dios está aquí presente”, se convierte en un sistema de reglas morales o doctrinales que no son religiosas, aunque puedan dimanar de unas fuentes originariamente reveladoras. El misticismo, o la 'presencia sensible de Dios', es una categoría esencial en la naturaleza de toda religión y nada tiene que ver con la auto salvación".
¿Dónde se encuentra entonces el riesgo? En tratar de escapar de la alienación o separación de Dios buscando la reunificación por medio de unos ejercicios corporales o mentales, que serían muy notorios en el caso de las religiones orientales.
Según el autor, el misticismo fracasa si se considera a sí mismo como un método de reunir al ser finito con el infinito porque: "nunca se logra una real unión del místico con Dios y, aunque se lograra, nunca vencería la alienación de la existencia. A los momentos de éxtasis siguen largos periodos de “sequedad” del alma y, en general, la condición humana no cambia (suponemos que quiere decir de forma permanente) porque las condiciones de la existencia siguen incambiadas".
Sin embargo su valoración final de la mística no es del todo desfavorable pues como el mismo admite:... "el misticismo clásico niega la posibilidad de auto salvarse en el postrer estado del éxtasis. Cuando se ha alcanzado este estadio, no es posible forzar la re-unión extática como lo último. Esta tiene que ser un don, aunque quizá no se dé nunca tal don. Este límite decisivo que entrañan los métodos de auto salvación del misticismo, deberían paliar las críticas, a menudo harto sumarias y endebles que los teólogos protestantes, tanto los seguidores de Ritschl como los neo ortodoxos, formulan contra los grandes místicos.
Si los teólogos prestaran una mayor atención a los límites ya indicados por los propios místicos, tendrían que darnos una valoración más positiva de esta gran tradición".
Sin embargo los teólogos protestantes no siguen en general el consejo de Tillich. Unos por desconocimiento y otros porque aceptan sin más lo que les ha enseñado, tachan a la mística como una expresión no cristiana de la espiritualidad.
Tomemos como ejemplo, el famoso diccionario de teología “Harrison”. Tras reconocer que algunas figuras del cristianismo (Eckhart y Juan de la Cruz entre otros) “obtuvieron un alto nivel de fruto y fe cristiana” se pregunta si “el misticismo es genuinamente escritural, aun en su forma cristiana”. Prosigue el comentario afirmando que en Pablo y Juan se encuentran elementos místicos sólo aparentemente y que el misticismo cristiano no presenta en general “herejía grosera o consciente”, pero considera que es una “expresión de religión humana”. Esta afirmación se fundamenta en tres consideraciones:
1. Exegéticamente porque no existe ningún apoyo bíblico directo para el misticismo. Ni siquiera se puede considerar que la experiencia de Pablo relatada en Gálatas 2:20 (Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí) tenga una orientación mística.
2. Dogmáticamente, porque “el misticismo pareciera reposar en un falso supuesto en su búsqueda de una unión directa o inmediata y de una comunión directa del alma con Dios”
3. Prácticamente porque el misticismo implica una subjetivización inaceptable.
La entrada termina diciendo que: “aparte de sus ‘extravagancias obvias’ aun se puede dudar de si es una forma genuina de cristianismo bíblico y evangélico”.
CONCLUSIÓN
Aunque nuestra intención en este artículo no es una defensa del misticismo sino más bien una presentación de los peligros que tiene la mística de convertirse en un método de auto salvación, creemos adecuado algún comentario.
La mística en su acepción más simple significa “la experiencia de la Vida”. Experiencia quiere decir precisamente eso; experiencia y no interpretación. En este sentido, todos los hombres son llamados a ella pues en esa experiencia el hombre encuentra su sentido y su destino. Es cierto que no todos los hombres van a tener esa experiencia, y también es cierto que los que no la han tenido no pueden hablar de ella más que de oídas. De hecho posiblemente los únicos capacitados para “criticar” a fondo la mística son los místicos.
Quizá lo más doloroso de la incomprensión del significado de la mística sea como hemos visto más arriba frases como esta: “el misticismo pareciera reposar en un falso supuesto en su búsqueda de una unión directa o inmediata y de una comunión directa del alma con Dios”. Pero, ¿hay alguien que ame a Dios que no desee esa unión? ¿Es dogmáticamente incorrecta tal búsqueda? ¿Se puede ser “religioso” sin esa sed de Dios? ¿No es esa unión el anhelo de toda alma? ¿Dice la Biblia que esa unión es sólo para el más allá? Decir: ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí, ¿no es una confesión de esa experiencia de unión con la Vida, con el “fondo” de nuestro ser, con Dios mismo? Si Cristo es uno con Dios y nosotros somos uno con él, si hemos dejado de vivir para que ahora viva Cristo en nuestro lugar nuestra vida, si somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos (Efesios 5:30) ¿no tenemos ya esa unión en nuestras manos?
Otra cosa es que tomemos o no aquello que ya hemos recibido.
Ciertamente la mística cristiana puede convertirse en una falsa vía de auto salvación, si confía en que determinados ejercicios posturales, de concentración, respiración etc. pueden provocar por sí mismos la unión mística, olvidando que esta es un don de Dios.
La unión mística no puede ser explicada conceptualmente. Para un cristiano el contenido de esa experiencia se explica en términos cristianos y para un budista en términos budistas, aunque posiblemente no sean lo mismo ni deban serlo. En todo caso la interpretación ya no es la mística en sí, sino su traducción conceptual y solo eso. En la mística se trata de “ser”, no de experimentar, porque el que experimenta ya es un sujeto enfrentado a su propia experiencia y a todo lo demás. En la mística simplemente se “es” o si se prefiere, simbólicamente se es la experiencia.
Todas las cosas buenas se pueden adulterar y muchas cosas falsas pueden presentarse como auténticas por eso es necesario que el místico también se mantenga alerta y en comunión con otros caminantes más adelantados.
sábado, 27 de marzo de 2010
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La mística es el camino en el cual se conoce a Dios desde la experiencia. Es geníal el artículo. Decía el Archimandrita Sophrony "La más estrecha comunicación con Dios se nos da al ser iluminados por la Luz Increada". A Dios sólo le podemos conocer realmente a través de la experiencia. Dice Knitter "Jesús muestra que el puente o la relación entre Dios y los seres humanos ya existe; sólo que no saben dónde (como) encontrarlo". La mística nos enseña a encontrar este puente.
ResponderEliminarLas críticas que se hacen al misticismo, creo, que en gran parte se hacen por falta de conocimiento; y por miedo. Pero, si la religión no lleva a la unión consciente con Dios, que es lo que yo considero como la salvación, ¿cuál es el fin de la religión?
Santa Teresa de Ávila deja claro que el fin al que ha de aspirar el hombre, lo que hace que este esté completo es encontrar en la experiencia a Dios: "Alma, buscarte has en Mí, y a Mí buscarme has en ti."
David creo que tienes razón. La mística o se vive o no se conoce. Me gusta mucho tu frase:
ResponderEliminar"Pero, si la religión no lleva a la unión consciente con Dios, que es lo que yo considero como la salvación, ¿cuál es el fin de la religión?".
Eso es exactamente. De nada sirve un sistema de creencias, si no se ha experimentado la presencia actual de Dios.
Lo malo de la mística es que es difícil de explicar, pero cuando uno ha tenido la experiencia de Dios, entonces sabe de lo que el místico está hablando.